El Pueblo de Dios morando en un paraíso espiritual. – Parte I.

Cuando hablamos del paraíso, lo primero que nos viene a la mente es un lugar hermoso, o jardín semejante a un parque bellamente adornado con una impresionante flora y fauna benigna. Y luego Inmediatamente pensamos en el jardín de Edén y sus pacíficas condiciones, donde la primera pareja humana vivió antes de pecar contra el Creador. (Génesis 2:8, 9, 15)* Es obvio, que el propósito de Dios desde entonces es que la familia humana viva eternamente aquí en la tierra siendo un hermoso paraíso. Y ese deseo divino no dejará de cumplirse a cabalidad. Jehová, mediante el reino en manos de Jesucristo, hará que el paraíso literal con todas sus bendiciones sea restaurado aquí en la tierra para siempre.(Salmo 37:11, 29; Isaías 11:6-9; 35:1-7; 45:18; 55:11; Mateo 5:5; 6:10; Revelación 21:3, 4)

La palabra griega parádeisos aparece solo tres veces en las Escrituras Griegas Cristianas [Nuevo Testamento]. (Lucas 23:43; 2Corintios 12:4; Revelación 2:7)

Sin embargo, la Biblia también nos habla de otra clase de paraíso donde el Pueblo fiel y leal de Dios habría de vivir y vive hasta el día de hoy. Una hermosa condición espiritual de felicidad, paz y esperanza verdaderas; un lugar simbólico o figurado como resultado de rendir servicio sagrado a Dios en pura y santa adoración: El paraíso espiritual.

El Pueblo de Dios acampando en el desierto durante el éxodo de Egipto

Un paraíso espiritual para el Pueblo de Dios

De las tantas acepciones para paraíso, un diccionario de la lengua española dice que es el “lugar donde se goza de la presencia de Dios”. Este significado es muy apropiado para señalar al paraíso espiritual donde mora el Pueblo de Jehová cuando la adoración pura está en su debido lugar.

Dios siempre ha tenido sus siervos, leales adoradores en la tierra, aunque no siempre tuvo un “Pueblo” organizado. En el tiempo de los patriarcas, aunque estos estaban organizados como una familia, no eran propiamente un “Pueblo”. De hecho, cuando Jacob entró en Egipto con toda su vasta familia solo eran unas 70 almas. (Éxodo 1:5) Luego; los descendientes de Jacob esclavos en Egipto, aunque Jehová los llamó “mi pueblo”, tampoco fueron antes del Éxodo una nación constituida. (Éxodo 3:7, 10) ¿Por qué? Veamos

Aunque se hicieron muy numerosos, les faltaba la unidad y sobre todo no estaban gozando de una estrecha relación espiritual, en adoración verdadera, con Jehová, el Dios de sus antepasados. Y por lo tanto, sus vidas no tenían ni felicidad, ni paz, ni esperanzas de ver cumplidas las bendiciones prometidas relacionadas con su herencia en Canaán. Su día a día no era más que amarguras, tristezas, agonías y quebrantos en todo sentido. Hasta sus hijitos varones al nacer llegaron a sufrir el intento de ser masacrados por orden del faraón. Agonizaban de excesivo dolor en extremo a causa de los egipcios. (Éxodo 1:11-16; 3:7) Su espiritualidad como herederos del pacto de Abrahán con Dios estaba muy dañada.

Entonces, en 1513 a.ec., al ser liberados de la mano de Faraón y entrar en un “pacto” especial con Dios (Éxodo 19: 5; Deuteronomio 5:3, 4), los descendientes de Jacob fueron verdaderamente instituidos en un Pueblo, una nación: La Nación de Israel. Jehová les dio justas leyes para disfrutar de una vida plena en todo sentido. (Hebreos 9:19, 20) Fue el conjunto de leyes más amplio de cualquier nación antigua, leyes que explicaban con gran detalle la relación del hombre con su Dios y con su semejante. (Éxodo 31:18; 34:27, 28.)

Israel llegó a ser propiedad exclusiva de Jehová. “Solo a ustedes he conocido de todas las familias del suelo”, dijo Dios. (Amos 3:2; Éxodo 19:5, 6; Deuteronomio 7:6) Así, al tiempo que existían sobre la faz de la tierra podían mantener una relación personal estrecha con su Dios en medio de un paraíso espiritual donde poder armoniosamente gozar “de la presencia de Dios”. De ellos dependía entonces que aquel estado espiritual permaneciera para el bien de ellos en la tierra prometida y pudieran obtener el sí a todas las promesas de Jehová.

El Pueblo pierde su paraíso espiritual

Pero los israelitas no siempre fueron muy dispuestos a vivir en armonía con Dios. Habiendo ya conquistado la tierra prometida, algunos siglos después,  enseguida olvidaron su pacto con Dios, y lo que debía ser un paraíso espiritual muy real, pronto se convirtió en una situación insostenible de difícil vivir. La apostasía a la adoración pura de Jehová se arraigó hasta lo más profundo de la nación. (Jeremías 23:11, 15) Hombres sin principios, con palabras suaves y dichos falsos, los llevaron a practicar conducta relajada e inmoralidad, y a desertar de Jehová, “la fuente de agua viva”. (Isaías 10:6; 32:6, 7; Jeremías 3:1; 17:13) Según Isaías 24:5, hasta la misma tierra llegó a estar ‘contaminada [ja·nefáh] bajo sus habitantes, porque habían pasado por alto las leyes, habían cambiado la disposición reglamentaria, habían quebrantado el pacto de duración indefinida’.Hasta que por fin Jehová los castigó severamente y los desarraigó a la esclavitud en manos de sus enemigos tal como les había advertido. (Lea Deuteronomio 28:1-68) Y no les concedió misericordia en la destrucción predicha. (Isaías 9:17; 33:11-14; Sofonías 1:4-6)

Hasta el mismo reino de Judá – donde estaba el Templo de Dios edificado por Salomón y había reinado la dinastía davídica por unos 470 años – fue destruido y saqueado de todos sus preciados bienes y las personas que sobrevivieron terminaron en el destierro en Babilonia por unos 70 años de servidumbre a otros dioses y otros amos. (Jeremías 15:2; 20:6; 29:4, 10; Ezequiel 12:10, 11; compare con Deuteronomio 28: 64-67; Salmo 137:1-3)

Lo que debió ser un paraíso espiritual se disolvió. El pueblo de Israel había sido la viña de Dios, su plantío; pero su maldad y su apostasía de la adoración verdadera hicieron que su campo espiritual se ‘marchitase’ aun antes de que ocurriese esta desolación literal de su tierra. (Compárese con Éxodo 15:17; Isaías 5:1-8; Jeremías 2:21)

No obstante, Jehová mediante sus profetas, había prometido un regreso, una repatriación de Su Pueblo en cautiverio. (Isaías 10:21, 22; Jeremías 30:10) Y para 537 a.e.c, un resto fiel del Pueblo de Dios, ya estaba de regreso, desde Babilonia, en su tierra natal desolada. Bajo la dirección del gobernador Zorobabel y del sumo sacerdote Jesúa, “los hijos del Destierro” (Esdras 4:1), que totalizaban 42.360 hombres, además de 7.537 esclavos y cantores, hicieron el viaje de regreso, que duró unos cuatro meses. Luego, otros cautivos regresaron más tarde a Palestina. En 468 a. E.C. acompañaron a Esdras más de 1.750, cifra que probablemente solo incluye a los varones adultos. (Esdras 7:1–8:32) Y unos cuantos años después Nehemías hizo al menos dos viajes de Babilonia a Jerusalén, pero no se indica cuántos judíos regresaron con él. (Nehemías 2:5, 6, 11; 13:6, 7) Ellos ahora, disfrutarían otra vez verdaderamente del amor de su Dios que los restituiría a un paraíso próspero en sentido espiritual, aunque también le daría bendiciones materiales.

Promesas de restauración.

Un resto de Israel restaurado en su tierra natal disfrutando de un paraíso espiritual

Leamos algunas de esas profecías escritas con antelación a la repatriación del Pueblo de Dios a su tierra natal que muestran una hermosa restauración espiritual.

Isaías 51:3: «Porque Jehová ciertamente consolará a Sión. De seguro consolará todos sus lugares devastados, y hará que su desierto sea como Edén, y su llanura desértica como el jardín de Jehová. Alborozo y regocijo mismos se hallarán en ella, acción de gracias y la voz de melodía».

Isaías 58:11: «Y Jehová no podrá menos que guiarte constantemente y satisfacer tu alma aun en una tierra abrasada, y vigorizará tus mismísimos huesos; y tendrás que llegar a ser como un jardín bien regado, y como la fuente de agua, cuyas aguas no mienten».

Isaías 61:3: «Para hacer la asignación a los que están de duelo por Sión, para darles una prenda de adorno para la cabeza en vez de cenizas, el aceite de alborozo en vez de duelo, el manto de alabanza en vez del espíritu desalentado; y se les tiene que llamar árboles grandes de justicia, el plantío de Jehová, para que él sea hermoseado».

Isaías 61:11: «Porque como la tierra misma produce su brote, y como el jardín mismo hace brotar las cosas que se siembran en él, de igual manera el Señor Soberano Jehová hará brotar justicia y alabanza enfrente de todas las naciones

Jeremías 31:10-12: «Oigan la palabra de Jehová, oh naciones, y anúncienla entre las islas lejanas, y digan: “Aquel que esparció a Israel lo juntará él mismo, y ciertamente lo guardará como un pastor a su hato. 11 Porque Jehová realmente redimirá a Jacob y lo reclamará de la mano de aquel más fuerte que él. 12 Y ciertamente vendrán y clamarán gozosamente en la altura de Sión y se pondrán radiantes por la bondad de Jehová, por el grano y por el vino nuevo y por el aceite y por las crías del rebaño y la vacada. Y su alma simplemente llegará a ser como un jardín bien regado, y ya no volverán a languidecer”.»

Jeremías 32:41: «Y de veras me alborozaré a causa de ellos para hacerles bien, y ciertamente los plantaré en esta tierra en apego a la verdad con todo mi corazón y con toda mi alma’”.» 

Ezequiel 34:25-27: «”’”Y ciertamente celebraré con ellas un pacto de paz, y de veras haré que la bestia salvaje dañina cese de la tierra, y realmente morarán en el desierto en seguridad, y dormirán en los bosques. 26 Y ciertamente haré de ellas y los alrededores de mi colina una bendición, y de veras haré que la lluvia fuerte descienda a su tiempo. Lluvias fuertes de bendición resultará haber. 27 Y el árbol del campo tendrá que dar su fruto, y la tierra misma dará su producto, y realmente resultarán estar en su suelo en seguridad. Y tendrán que saber que yo soy Jehová cuando quiebre las varas de su yugo y las haya librado de la mano de los que las habían estado usando como esclavos.»

Dios haría que se labrara y sembrase aquella tierra abandonada, que fuese fértil y rebosara de hombres y animales; se reedificarían y habitarían las ciudades, y se diría de ella: “Esa tierra de allí que había estado desolada ha llegado a ser como el jardín de Edén”. (Ezequiel 36:6-11, 29, 30, 33-35) Sin embargo, estas profecías también muestran que las condiciones paradisiacas estaban relacionadas con las personas mismas, quienes por fidelidad a Dios ‘podrían brotar’ y florecer como “árboles […] de justicia”, y disfrutar de una hermosa prosperidad espiritual como la de “un jardín bien regado”, gozando de abundantes bendiciones divinas por tener Su favor. (Compárese con Salmo 1:3; 72:3, 6-8, 16; 85:10-13; Isaías 44:3, 4)

Dos profecías que más ampliamente describen el ambiente y prosperidad espiritual que los judíos disfrutarían nuevamente en la presencia de Dios al regreso del exilio son las que Isaías registra en Isaías 11: 6-9 e Isaías 35:1-7 (Léalos).

El paraíso espiritual que el profeta describe en esos pasajes muestran el interés amoroso que Dios tiene para con Su Pueblo asegurándoles un lugar de seguridad, abundancia y salud espiritual incomparables. Un “lugar donde gozar de la presencia de Dios” y donde adorarle con todo el corazón en pureza y santidad. Con la bendición de Jehová restituirían la adoración verdadera en su tierra. El templo volvería a ser edificado y el servicio sagrado a entrar en funciones mediante casa sacerdotal y los levitas.

Desde luego, todas y cada una de estas profecías citadas hasta aquí, no solo son una descripción de la condición espiritual paradisiaca de la que disfrutó el Pueblo de Dios en el pasado antiguo. Sino que reflejan hasta que punto en sentido físico y material, Jehová está dispuesto en el futuro no lejano bendecir a sus siervos. ¿Por qué? Porque no sería consecuente que Dios inspirase profecías como las que se hallan en Isaías 11:6-9, Ezequiel 34:25 y Oseas 2:18, con la intención de que solo tuviesen un significado figurado o espiritual, y que sus siervos no llegasen a experimentarlas de manera literal en todo sentido físico.

Alcance Mesiánico de las palabras proféticas de restauración

Cuando el profeta Isaías se pronunciaba con buenas noticias por venir, dijo unas palabras, que si bien tuvieron algún cumplimiento en relación con él y los judíos que volvieran del destierro en Babilonia, no fueron con esa única razón que Jehová las inspiró. Si bien es cierto que estas palabras anunciaban un futuro paraíso espiritual para los judíos repatriados a partir del 537 a.e.c. y sus generaciones futuras; también lo es, que un alcance mayor de ellas estaba aun lejos en el futuro. Veamos.

Jesús en la Sinagoga de Nazaret leyendo al Profeta Isaías. (Lucas 4:16-21)

Isaías dijo:

«El espíritu del Señor Soberano Jehová está sobre mí, por razón de que Jehová me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los mansos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, para proclamar libertad a los que han sido llevados cautivos y la apertura ancha de los ojos aun a los prisioneros; 2 para proclamar el año de la buena voluntad de parte de Jehová, y el día de la venganza de parte de nuestro Dios; para consolar a todos los que están de duelo.“» (Isaías 61:1, 2)

El profeta estaba pronunciando palabras que luego, mas de 760 años después, en los días del Hijo de Dios sobre la tierra fueron leídas, anunciadas y aplicadas por él y sobre él. Y tal cumplimiento de Isaías 61:1, 2 tuvo entonces, un desenlace por extensión en el tiempo futuro.

La Biblia muestra que Jesús “vino a Nazaret, donde había sido criado; y, según su costumbre en día de sábado, entró en la sinagoga, y se puso de pie para leer. 17 De modo que se le dio el rollo del profeta Isaías, y abrió el rollo y halló el lugar donde estaba escrito: 18 “El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres, me envió para predicar una liberación a los cautivos y un recobro de vista a los ciegos, para despachar a los quebrantados con una liberación, 19 para predicar el año acepto de Jehová”. 20 Con eso enrolló el rollo, se lo devolvió al servidor, y se sentó; y los ojos de todos los que estaban en la sinagoga se fijaron atentamente en él. 21 Entonces comenzó a decirles: “Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír”“. (Lucas 4:16-21)

Jesús, como profeta y enviado de Dios, fue superior en todo sentido a Isaías. Sobre él, el propio Jehová mediante el profeta predijo:

«¡Mira! ¡Mi siervo, a quien tengo firmemente asido! ¡Mi escogido, a quien mi alma ha aprobado! He puesto mi espíritu en él. Justicia para las naciones es lo que él sacará.» (Isaías 42:1)

Y en el siglo I e.c. el apóstol Mateo confirma estas palabras cuando escribe:

«Después que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua; y, ¡mire!, los cielos se abrieron, y él vio descender como paloma el espíritu de Dios que venía sobre él. 17 ¡Mire! También hubo una voz desde los cielos que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”.» (Mateo 3:16, 17)

La importancia de estos sucesos están en que si bien Isaías ya había hablado de una restitución espiritual paradisíaca para los judíos que serian devueltos a su tierra natal; ahora Jesús, está anunciando una futura y superior prosperidad espiritual cuando repite y se aplica las palabras de Isaías. ¿Para quienes sería esa nueva y singular prosperidad espiritual que ahora anuncia Jesús? Sin dudas, seria para el fiel y leal  Pueblo de Dios que lo llegaría adorar “con espíritu y con verdad”, elevando a lo más alto la adoración pura y verdadera de Dios.

No es menos cierto que Jesús hizo algunos milagros con los que curó físicamente a enfermos, sordos, mudos y ciegos. Hasta resucitó a personas que habían muerto. (Mateo 8:14, 15; 9:2, 6, 7, 25; Marcos 9:25, 26; 10:51, 52; Juan 9:1-7; 11:38-44) Sin embargo, nada de esas cosas resultaron ser la principal labor de Jesús durante su ministerio terrestre.

Al leer Isaías 61:1, 2, lo primero que Jesús se aplicó a sí mismo fue decir: “el espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres”. Jesús fue ungido y vigorizado por la fuerza activa de Dios para declarar las “buenas nuevas” de salvación del reino celestial “a los pobres” y “mansos”. ¿Quiénes eran estos “pobres que son bendecidos con las “buenas nuevas” que anuncia Jesús? Los “pobres” no son los que padecen pobreza material. Porque las ‘buenas nuevas” son declaradas a gente de toda clase. Los “pobres” son los que están conscientes “de su necesidad espiritual”. Son los que padecen de “hambre y sed de justicia” y “que se lamentan” por tan depauperada condición religiosa en la que el pueblo se sume. (Mateo 5:3-10)

Jehová había enviado a Su Hijo “para predicar una liberación a los cautivos y un recobro de vista a los ciegos, para despachar a los quebrantados con una liberación”.

No existe una sola cita en la Biblia que diga que Jesús intercedió por personas presas o bajo cautiverio en algún calabozo. Y aunque como ya se ha señalado, si sanó a ciegos; en verdad su mayor obra de predicación fue para liberar “a los cautivos” de la religión falsa y corrupta, Y para aliviar a quienes por la carga insoportable de líderes religiosos, van quedando “quebrantados” de espíritu. Cristo, en verdad, está señalando a una  consolación espiritual para quienes buscan a Dios; para los que serán llamados “Pueblo de Dios”. El bienestar material de los israelitas y futuros adoradores de Dios no era lo esencial para que se cumpliera Isaías 61:1-3. Las cosas que se señalaban allí en la comisión al ungido de Jehová habrían de cumplirse de manera espiritual.

Tras estas ideas, tomando para sí las palabras escritas en el rollo de Isaías, Jesús afirma que en realidad había sido ungido con el “espíritu santo” “para predicar el año acepto de Jehová“. Ese año acepto de Jehová estaba dando inicio con Cristo allí en medio de aquellos nazarenos. Era un tiempo para consuelo de parte de la persona de Jehová y por medio de su Hijo amado. Era el comienzo del tiempo  “de la buena voluntad de Jehová” para corregir la condición arruinada en que estaba la adoración pura a Dios. Y brindar un futuro caracterizado por la liberación de estar sujetos al pecado y su pena la muerte. Lo cual era la mayor expresión de amor y consuelo espiritual y físico que Jehová en su “buena voluntad” llegaría a ofrecer mediante el sacrificio de su Hijo Jesucristo. (Juan 3:16)

Un paraíso espiritual durante “el año de la buena voluntad de parte de Jehová”

Ahora bien; tras este breve análisis se puede ver, que entonces, para nuestro días el Pueblo de Dios tiene que estar gozando de esa prosperidad espiritual, de ese paraíso espiritual. El día de la venganza de parte de nuestro Dios no ha llegado todavía. Y aun vivimos en “el año de la buena voluntad de parte de Jehová” durante el cual hay un paraíso espiritual. De modo que nos encontramos ante las preguntas: ¿Donde, es decir, entre quienes podemos hallar ese paraíso espiritual en la actualidad? ¿Quiénes como grupo religioso poseen hoy esa prosperidad espiritual? ¿Quiénes son hoy el Pueblo de Dios?

Para responder estas cuestiones importantes tenemos que mirar a nuestro alrededor y examinar con la Biblia a las religiones que se identifican como cristinas. Hemos de poder ver en alguna de ellas, como “Pueblo de Dios”, el cumplimiento conjunto de ciertas profecías como las dadas en Isaías 11:6-9, Ezequiel 34:25 y Oseas 2:18. Además, puesto que estamos viviendo en “la parte final de los días”, o sea, “en los últimos días” de este viejo y acabado mundo, también debemos poder observar en alguna de esas organizaciones religiosas el estricto cumplimiento de Isaías 2:2-4 y/o Miqueas 4:1-4. (2 Timoteo 3:1-5) En un próximo articulo se hará un examen de tales asuntos.


*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

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