El amor al dinero: ¿de verdad nos perjudica?

Pilas de dinero en una caja fuerte abierta. Ilustración: ¡Despertad! 3/14

Pilas de dinero en una caja fuerte abierta. Ilustración: ¡Despertad! marzo/14

TODOS necesitamos el dinero para vivir. Pero… ¿cómo podemos evitar que se convierta en una obsesión? Sí, ¿de qué manera podemos evitar estar amando el dinero?

Lo cierto es que en el artículo anterior pudimos ver que los que desean agradar a Dios y adorarle “con espíritu y con verdad”, deben evitar estar amando el mundo y las cosas que están en el mundo’. ( Juan 4:23, 24; 1 Juan 2:15)* Realmente los que están definidos a amar el mundo y sus cosas atraen hacia sí mismos calamidad, sufrimientos y muchas veces pérdidas irremediables, como fue en el caso de Lot. Sin contar que pueden envolverse en asuntos penosos y legalmente perjudiciales para toda la familia. Pero además, pudimos constatar el resultado final para quiénes obedecen esta amonestación:  El resultado es que el mundo va pasando, y también su deseo, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.“(1 Juan 2:17)

Es indiscutible que el dinero es una de “las cosas que están en el mundo” a la cual se le profesa la mayor cantidad de amor por millones y millones de personas. Sin embargo, pocos se dan cuenta que este amor puede ser fatal y muy perjudicial. Veamos por qué decimos esto y cuál debe ser la actitud correcta ante el dinero.

¿Le está haciendo daño el amor al dinero?

¿QUÉ haría usted si de la noche a la mañana se volviera muy rico? ¿Se tomaría las cosas con más calma para poder disfrutar de la vida? ¿Dejaría el trabajo y pasaría más tiempo con su familia y amigos? ¿Emprendería alguna labor que de verdad le gustara? Curiosamente, muchos individuos que han adquirido una gran fortuna no hacen ninguna de tales cosas. Más bien, dedican el resto de sus días a ganar más dinero, ya sea para pagar sus nuevas deudas o simplemente para hacerse aún más ricos.

El amor al dinero, el materialismo y el consumismo. Imagen: ¡Despertad! 6/14

El amor al dinero, el materialismo y el consumismo no siempre son lo que aparentan. Imagen: ¡Despertad! 6/14

No obstante, algunas de tales personas se han dado cuenta de que su estilo de vida materialista ha repercutido en su salud y en sus relaciones familiares, así como en la personalidad de sus hijos. Varias fuentes señalan que las ambiciones materialistas perjudican la salud mental, emocional e incluso física.

La preocupación por los peligros del materialismo no es nueva ni mucho menos. Hace casi dos mil años, la Biblia afirmó: “Los que están resueltos a ser ricos caen en tentación y en un lazo y en muchos deseos insensatos y perjudiciales, que precipitan a los hombres en destrucción y ruina. Porque el amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales, y, procurando realizar este amor, algunos han sido descarriados de la fe y se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:9, 10).

Pero ¿es eso cierto? ¿Realmente salen perjudicados quienes solo piensan en ganar dinero y adquirir bienes materiales? ¿O, por el contrario, lo tienen todo: salud, dinero y una familia feliz?

Cómo nos afecta estar resueltos a ser ricos

Ilustración: ¡Despertad! octubre/14

El amor al dinero y la resolución de ser ricos puede afectarnos gravemente. Ilustración: ¡Despertad! octubre/14

EN UN mundo en el que más de ochocientos cincuenta millones de seres humanos pasan hambre, puede parecer extraño que la abundancia material represente un problema. Pero notemos que el pasaje bíblico citado en el subtema anterior no previene contra el dinero y las posesiones, sino contra el amor al dinero y la resolución de ser ricos. ¿Qué les sucede a quienes solo viven para acumular riquezas? Veamos primero cómo afecta ese estilo de vida a los hijos.

El efecto en los hijos

Se calcula que los niños estadounidenses ven todos los años un promedio de 40.000 anuncios televisivos. Si se añade a esto los videojuegos, los sofisticados reproductores de música, los programas informáticos y la ropa de marca que ven en la casa de sus amigos y en las tiendas, resulta fácil imaginarse el aluvión de artículos que les piden a sus padres. Y la realidad es que hay padres que conceden a sus hijos todos sus caprichos. ¿Qué razones puede haber para ello?

Algunos progenitores pasaron muchas privaciones cuando eran niños y quieren asegurarse de que a sus hijos no les suceda lo mismo. Otros temen que sus hijos dejen de quererlos si les niegan lo que les piden. “En el afán por ser los mejores amigos de sus hijos, hacen todo lo posible por que estos se diviertan”, dijo la cofundadora de un grupo de apoyo a los padres localizado en Boulder (Colorado, EE.UU.). Otros padres creen que con una abundancia de regalos pueden compensar el tiempo extra que pasan en el trabajo y que deberían dedicar a la familia. También hay quienes, después de una larga y agotadora semana de trabajo, no tienen ánimos para afrontar la discusión que inevitablemente sigue a la respuesta: “No, no te lo voy a comprar”.

Pero ¿es bueno para los hijos que sus padres les den todo lo que desean? La experiencia demuestra que, irónicamente, cuando los padres conceden todo a sus hijos, no logran que estos los quieran más. Lo que sucede en realidad es que los niños tienden a volverse unos ingratos. Ni siquiera valoran lo que consiguieron después de mucho insistir. La directora de una escuela dijo: “He comprobado que cuando los chicos piden algo y se les concede al instante, a las dos semanas ya no le hacen ni caso”.

¿Qué les sucede a los niños consentidos cuando crecen? Según la revista Newsweek, ciertos estudios revelan que al llegar a la edad adulta “les resulta difícil superar los desengaños de la vida”. Como nunca aprendieron que hay que esforzarse para conseguir las cosas, no es raro que fracasen en su vida estudiantil, laboral y matrimonial, y acaben dependiendo económicamente de sus padres. También son más propensos a sufrir ansiedad y depresión.

Como vemos, después de todo, los niños consentidos sí sufren privaciones. Se les priva de la oportunidad de desarrollar autoestima, de cultivar su riqueza interior y de aprender el valor del trabajo. La psicoterapeuta Jessie O’Neill advierte: “Si les enseña a sus hijos que pueden conseguir todo lo que quieran en el momento en que lo deseen, los está condenando a sufrir en la vida”.

El efecto en los adultos

En lo que respecta a los casados, “sin importar cuánto tiempo lleven juntos ni cuánto dinero tengan, es probable que su próxima disputa sea por cuestiones monetarias”, indica la revista Psychology Today. También señala que “la forma en que la pareja resuelve los desacuerdos y problemas económicos es un buen indicativo de si la relación tiene futuro o no”. Está demostrado que quienes conceden excesiva importancia al dinero y los bienes materiales tienen más probabilidades de sufrir un fracaso matrimonial. De hecho, se calcula que las discrepancias económicas son uno de los factores dominantes en un 90% de los casos de divorcio.

Aun cuando la pareja siga junta, la relación conyugal sufrirá en caso de que ambos centren su atención en el dinero y los lujos. Si tienen tal actitud, es fácil que contraigan deudas, lo que muy posiblemente haga que se pongan de mal humor y se culpen mutuamente de sus problemas económicos. A veces, cada uno de ellos dedica tanta atención a sus posesiones que no le queda tiempo para su cónyuge. ¿Y qué sucede cuando uno de los dos realiza un gasto cuantioso y se lo oculta al otro? Tal conducta genera un ambiente de secretismo, sentimientos de culpa y desconfianza, todo lo cual corroe la relación matrimonial.

Otros adultos, tanto casados como solteros, han pagado un precio más alto por su ambición materialista: su propia vida. En Sudáfrica, la presión por vivir según los valores materialistas occidentales ha llevado a algunos ciudadanos al borde del suicidio. En Estados Unidos, un hombre mató a su esposa y su hijo de 12 años y después se suicidó, motivado al parecer por sus problemas económicos.

Es cierto que el afán de acumular riquezas no mata a la mayoría de la gente, pero sí es posible que les impida vivir la vida. Además, las tensiones laborales y económicas pueden provocarles ciertos trastornos de salud —como ataques de pánico, insomnio, migraña crónica y úlceras— que afecten la calidad y la duración de su vida. Y a veces, cuando el individuo finalmente comprende que tiene que cambiar sus prioridades, es demasiado tarde. Su cónyuge ya le ha perdido la confianza, sus hijos ya se han visto afectados emocionalmente, y su salud ya se ha deteriorado. Quizás pueda repararse parte del daño, pero sin duda requerirá mucho esfuerzo. Tales personas en verdad “se han acribillado con muchos dolores” (1 Timoteo 6:10).

¿Qué desea usted?

La mayoría de la gente desea tener una familia feliz, buena salud, un trabajo que les guste y suficiente dinero para vivir cómodamente. Sin embargo, para tener las cuatro cosas hace falta equilibrio, y cuando el principal objetivo de uno es el dinero, se pierde tal equilibrio. A fin de recuperarlo, tal vez haya que renunciar a un empleo muy bien remunerado, una casa grande, un auto caro o una posición social alta. Pero ¿cuántos están dispuestos a prescindir de tales lujos para centrarse en valores más elevados? Una mujer admitió: “Sé que no necesito esas cosas, pero es tan difícil desprenderse de ellas…”. Otros sí están dispuestos a renunciar a los lujos, pero no quieren ser los primeros en hacerlo.

¿Cuál es su caso? Si usted ha encontrado la manera de mantener el dinero y los bienes materiales en un segundo plano en su vida, es digno de elogio. Pero tal vez no sea así. ¿Está leyendo este artículo a la carrera porque su estilo de vida le absorbe demasiado tiempo? Tal vez ya reconozca que para que mejore su salud física y emocional debe prescindir de algunas cosas materiales. Pues entonces, tome medidas antes de que el materialismo haga mella en usted y su familia. En el recuadro de esta página encontrará algunas sugerencias al respecto.

En resumidas cuentas, cuando se tiene un punto de vista equilibrado de las cosas materiales, toda la familia sale ganando en sentido físico y emocional. Ahora bien, a los cristianos también les preocupa que tales cosas afecten su relación con Dios. ¿Cómo perjudica el materialismo la salud espiritual, y qué puede hacerse para evitarlo? El siguiente artículo contestará estas preguntas.

Cómo llevar una vida equilibrada


Para conseguir que los bienes materiales queden en un segundo plano, se necesita resolución y planificación cuidadosa. Muchas personas han encontrado útiles las siguientes sugerencias:

▪ HAGA UN INVENTARIO Y ANALÍCELO. ¿De qué puede prescindir? Algunas posibilidades son ropa de marca, revistas, discos compactos de música o accesorios para el auto que son innecesarios.

▪ INTENTE SIMPLIFICAR SU VIDA POR UN TIEMPO. Si piensa que vivir con sencillez no es lo suyo, ¿por qué no hace la prueba durante seis meses o un año? Así comprobará si todo el tiempo que dedica al dinero y las posesiones lo está haciendo más feliz… o menos.

▪ INCLUYA A SUS HIJOS EN LAS CONVERSACIONES FAMILIARES SOBRE CÓMO SIMPLIFICAR. De esta forma probablemente se vuelvan más cooperadores, y a usted no le resultará tan difícil negarles ciertas peticiones.

▪ PIENSE EN ASIGNAR DINERO A SUS HIJOS PARA SUS GASTOS. Tanto si optan por ahorrar para comprar lo que quieren como si deciden no comprarlo, aprenderán a ser pacientes, a valorar lo que tienen y a tomar decisiones.

▪ APRENDA FORMAS DE AHORRAR. Por ejemplo, busque productos rebajados, aténgase a un presupuesto, use el transporte público, limite el uso de los aparatos eléctricos o de otro tipo, o saque libros de la biblioteca pública en lugar de comprarlos.

▪ LLENE EL VACÍO. Recuerde que el objetivo de la simplificación no es solo tener menos posesiones, sino hacer más lugar para las cosas que realmente importan, como su familia y amigos. ¿Es así en su caso?

Resueltos a ser ricos en sentido espiritual

PARA hacerse rico en sentido material se necesita poner mucho empeño y realizar ciertos sacrificios. Lo mismo ocurre con las riquezas espirituales. A eso se refería Jesús cuando dijo: “Acumulen para sí tesoros en el cielo” (Mateo 6:20). Y es que las riquezas espirituales no se acumulan por sí solas. El simple hecho de pertenecer a una religión no logra de forma automática que una persona sea rica espiritualmente, del mismo modo que nadie se vuelve millonario solo por disponer de una cuenta bancaria. Para desarrollarse como persona espiritual, cultivar una relación estrecha con Dios y abundar en cualidades espirituales, se necesita tiempo, determinación, empeño y sacrificio (Proverbios 2:1-6).

Un padre con su familia estuiando la Palabra de Dios una excelente forma de ser rico en sentido espiritual. Ilustración del folleto: Su familia puede ser feliz.

Un padre con su familia estudiando la Palabra de Dios; una excelente forma de ser rico en sentido espiritual. Ilustración del folleto: Su familia puede ser feliz.

¿Se puede tener todo?

¿Puede alguien ser rico tanto en sentido espiritual como material? Es posible, pero uno solo puede tener como objetivo una de las dos cosas. Jesús indicó: “No pueden ustedes servir como esclavos a Dios y a las Riquezas” (Mateo 6:24b). ¿Por qué no? Porque la búsqueda de riquezas espirituales y la de riquezas materiales son incompatibles: una interfiere con la otra. Por eso, antes de aconsejar a sus discípulos que acumularan riquezas espirituales, Jesús los exhortó: “Dejen de acumular para sí tesoros sobre la tierra” (Mateo 6:19).

¿Qué sucederá si hacemos caso omiso del consejo de Jesús y procuramos adquirir los dos tipos de riquezas? Él mismo responde: “Nadie puede servir como esclavo a dos amos; porque u odiará al uno y amará al otro, o se apegará al uno y despreciará al otro” (Mateo 6:24a). Para quienes persiguen ambas cosas, los asuntos espirituales pueden convertirse en una molestia, un obstáculo en el camino, aun cuando el sentido del deber los impulse a atenderlos. Puede, incluso, que esperen resolver los problemas de la vida principalmente con dinero y cosas materiales, y no con la guía divina. Es como expresó Jesús: “Donde tengas tus riquezas, allí tendrás también el corazón” (Mateo 6:21, Traducción interconfesional).

Por tanto, todo cristiano debería tomar en serio las palabras de Jesús al decidir a qué dedicará su tiempo y su atención y dónde tendrá su corazón. No debemos pensar que como Dios no ha especificado la cantidad de posesiones que el cristiano puede adquirir, es posible acumular bienes codiciosamente sin sufrir las consecuencias (1 Corintios 6:9, 10). Como vimos, quienes desoyen los consejos de la Biblia y toman la determinación de hacerse ricos en sentido material se perjudican en sentido espiritual, mental y emocional (Gálatas 6:7). Jesús indicó que, por el contrario, quienes son sensibles a sus necesidades espirituales serán felices (Mateo 5:3). No cabe duda de que nuestro Creador y su Hijo saben lo que es mejor para nuestra felicidad y nuestro bienestar (Isaías 48:17, 18).

Una elección que nunca lamentará

¿Qué hará usted? ¿Escogerá a Dios, o a las riquezas? Como es natural, todos debemos prestar cierta atención a nuestras necesidades materiales. En su primera carta a Timoteo, el apóstol Pablo señaló: “Ciertamente si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. Pero el apóstol también animó a los cristianos a confiar en Dios, no en el dinero, y a ser “ricos en obras excelentes” (1 Timoteo 5:8; 6:17, 18). Así que, ¿en qué se concentrará usted? ¿Qué buscará en la vida? De entre las obras excelentes a las que se refirió Pablo, la más importante es la obra de predicar y hacer discípulos que Jesús encomendó a sus seguidores (Mateo 28:19, 20). Los cristianos que simplifican voluntariamente su vida con el fin de ampliar su participación en esta valiosa obra —y no solo para relajarse y disfrutar de la vida— están “atesorando para sí […] un fundamento excelente para el futuro” en el prometido nuevo mundo de Dios. Es más, estas personas también descubren que, incluso hoy en día, la riqueza espiritual es muchísimo “mejor que el oro” (1 Timoteo 6:19; Proverbios 16:16; Filipenses 1:10).

Piense en la experiencia de Eddie, un cristiano cuya familia se hizo testigo de Jehová cuando él era joven. En cierto momento, su familia perdió todas sus posesiones y se vio obligada a abandonar la casa en que vivían. Él cuenta: “Siempre me había preocupado la posibilidad de que algún día lo perdiéramos todo. Pues bien, en aquel momento lo habíamos perdido todo. ¿Sabe qué ocurrió entonces? Nada, pues Jehová se encargó de que nunca nos faltara comida ni ropa, y con el paso del tiempo logramos recuperarnos económicamente. Aquella experiencia me enseñó a tomar en serio lo que Jesús prometió en Mateo 6:33, es decir, que si nuestra prioridad en la vida es el Reino de Dios, no tenemos por qué inquietarnos por las necesidades materiales”. En la actualidad, Eddie sirve en calidad de ministro religioso viajante de tiempo completo acompañado de su esposa. Ambos disponen de las cosas materiales que necesitan, pero lo más importante es que son ricos en sentido espiritual.

Unos beneficios incalculables

A diferencia de las fortunas terrestres, las riquezas espirituales no corren el peligro de ser robadas; de hecho, pueden durar para siempre (Proverbios 23:4, 5; Mateo 6:20). Ahora bien, lo cierto es que el progreso espiritual es más difícil de cuantificar. Resulta más complicado precisar cuánto amor, gozo o fe ha llegado a tener una persona, que determinar su progreso económico. Aun así, no hay duda de que los beneficios que se obtienen de las riquezas espirituales son incalculables. En alusión a los discípulos que habían abandonado sus casas y campos —es decir, su medio de vida— a fin de hacer lugar para las cosas espirituales, Jesús aseguró: “En verdad les digo: Nadie ha dejado casa, o hermanos, o hermanas, o madre, o padre, o hijos, o campos, por causa de mí y por causa de las buenas nuevas, que no reciba el céntuplo ahora en este período de tiempo: casas, y hermanos, y hermanas, y madres, e hijos, y campos, con persecuciones, y en el sistema de cosas venidero vida eterna” (Marcos 10:29, 30).

En vista de todo lo anterior, ¿cuál va a ser su prioridad en la vida? ¿Jehová Dios, o las riquezas?


Publicado originalmente en:  ¡Despertad! 6/07 El amor al dinero: ¿de verdad nos perjudica?

*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

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About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.

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