El Pueblo de Dios morando en un paraíso espiritual. – Parte II.

“En la parte final de los días” del “año acepto de Jehová” se restaura el Pueblo de Dios a la adoración pura.

El Pueblo de Dios recibe restauración espiritual e instrucción divina acerca de la verdad; de la voluntad de Jehová y de sus elevadas normas de justicia y amor.

El profeta Isaías, más de 760 años antes de que el Señor Jesús anunciara y predicara “el año acepto de Jehová”, predijo que en los últimos días de este viejo sistema de cosas un gran paraíso espiritual resaltaría por toda la tierra habitada como consecuencia de que el Pueblo escogido de Dios estaría dando servicio sagrado en pura adoración al Dios Verdadero Jehová. Lo cual indica que, para que exista un verdadero paraíso espiritual donde more el Pueblo de Dios, se ha de estar dando primero adoración verdadera y pura a Jehová Dios. Los siervos organizados de Dios habrían de estar adorándolo conforme a su voluntad y recibiendo instrucción de parte de Jehová.

Una de las profecías de restauración en cuestión, que se reivindica en la Biblia por otro profeta, y que apunta perfectamente a lo antes dicho es la que se registra en Isaías 2:2-4.* Y como el lector podrá comprobar a continuación es repetida por el profeta Miqueas.

El profeta dijo:

«2 Y en la parte final de los días tiene que suceder que la montaña de la casa de Jehová llegará a estar firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas, y ciertamente será alzada por encima de las colinas; y a ella tendrán que afluir todas las naciones. 3 Y muchos pueblos ciertamente irán y dirán: “Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas”. Porque de Sión saldrá ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 4 Y él ciertamente dictará el fallo entre las naciones y enderezará los asuntos respecto a muchos pueblos. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzará espada nación contra nación, ni aprenderán más la guerra.» (Isaías 2:2-4)

En esta profecía radica mucho interés por parte de Dios y de sus siervos. Es, en verdad, de mucha importancia. Pues pocos años después que Isaías la pronunciara, otro profeta de Dios, Miqueas, la repitió y le sumó algunos ligeros detalles bajo inspiración.

Gente de todas las naciones, pueblos, tribus y lenguas afluyen a “la montaña de la casa de Jehová”, a la adoración pura y verdadera de Jehová Dios

Miqueas dijo:

«Y en la parte final de los días tiene que suceder que la montaña de la casa de Jehová llegará a estar firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas, y ciertamente será alzada por encima de las colinas; y a ella tendrán que afluir pueblos. 2 Y muchas naciones ciertamente irán y dirán: “Vengan, y subamos a la montaña de Jehová y a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas”. Porque de Sión saldrá ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová. 3 Y él ciertamente dictará el fallo entre muchos pueblos, y enderezará los asuntos respecto a poderosas naciones lejanas. Y tendrán que batir sus espadas en rejas de arado y sus lanzas en podaderas. No alzarán espada, nación contra nación, ni aprenderán más la guerra. 4 Y realmente se sentarán, cada uno debajo de su vid y debajo de su higuera, y no habrá nadie que los haga temblar; porque la boca misma de Jehová de los ejércitos lo ha hablado.» (Miqueas 4:1-4)

 Al comparar las dos citas, vemos que son idénticas y que en común mencionan aspectos que de forma lógica y cronológica, sostienen la idea que primero ha de rendirse adoración pura a Dios, para luego gozar de su bendición empezando por un paraíso espiritual que vincula a todos sus adoradores verdaderos. Y por ejemplo, podemos recordar en la historia antigua de Israel  algunos detalles que así lo confirman.

Cuando el Pueblo de Dios fue repatriado a su tierra natal a partir del 537 a.e.c., tal como vimos en la Parte I de esta secuencia, muchas profecías de restauración espiritual y física se llegaron a cumplir. Aunque no a cabalidad. Realmente los ciegos, los sordos y los cojos no llegaron a sanarse milagrosamente en sentido físico. Y los animales feroces y mansos no llegaron a convivir sin disturbios juntos en estado natural. Tampoco “el arco y la espada y la guerra” fueron eliminados de sobre la tierra. (Isaías 11:6-9; 35:5, 6; Ezequiel 34:25; Oseas 2:18) Todo lo cual indica que aun falta ver cumplidas estas palabras en toda su extensión física. Pues de parte de Jehová Dios, no sería consecuentemente amoroso que inspirase profecías como las citadas, con la intención de que solo tuviesen un significado figurado o espiritual, y que sus siervos no llegasen a experimentarlas de manera literal en todo sentido físico.

Sin embargo, dado que Jesús durante su ministerio terrestre anunció un tiempo de buena voluntad de parte de Dios, “el año acepto de Jehová”; y dado que ese tiempo dura mientras no culmine “el día de la venganza de parte de nuestro Dios” (Isaías 61:1, 2; Lucas 4:18, 19), entonces continuamos teniendo ante nosotros dos cuestiones importantes: 1) ¿Quiénes son hoy el Pueblo de Dios? Y 2) ¿Goza este Pueblo de Dios de un paraíso espiritual? En este artículo se responderá con abundantes evidencias y pruebas la primera de las dos preguntas anteriores. Sin embargo antes hagamos un poco de historia bíblica.

El Pueblo de Dios “en la parte final de los días”

Entre los años 29 y 70 del primer siglo e.c

Hay quienes opinan que tanto la profecía de Isaías 2:2-4 como la de Miqueas 4:1-4, tuvieron solo su cumplimiento espiritual en los días de la nación restaurada del exilio. Y no se puede negar que hasta cierto punto, algunos rasgos de esas profecías pudieron haberse cumplido perfectamente en aquellos tiempos. No obstante, tenemos mejores razones para creer que esas palabras proféticas, fueron anunciadas para cumplirse en un futuro distante de ambos profetas.

Tanto Isaías como Miqueas comienzan diciendo: “en la parte final de los días”. Estas palabras llaman atención sobre en qué momento del tiempo habrían de suceder las cosas que estaban por anunciarse. Y aunque la frase podía haberse referido a “los días” de la nación opresora de Babilonia; hechos como que muchas naciones y pueblos afluyeran a adorar a Jehová en su Templo nuevamente edificado y se dejaran guiar por él; o que entonces los adoradores de Dios convirtieran sus armas en instrumentos de labranza y jamás se entrenaran para la guerra, estaban muy distantes de suceder. Además, la adoración pura a Dios para entonces con la repatriación de los judíos desde el exilio babilónico, solo estaba dando un nuevo comienzo, estaba al principio de sus “días” y no “en la parte final”.

En cambio, las mismas palabras “en la parte final de los días” sí estaban apuntando a cuando el cumplimiento típico de esta profecía llegó entre los años 29 y 70 e.c., es decir, “en la parte final de los días” del sistema de cosas judío. ¿Por qué?  Porque durante ese tiempo se vio como la adoración de Jehová fue ensalzada por encima de la que las naciones paganas daban a sus dioses falsos. El Señor Jesucristo ‘irrumpió’ elevando la adoración verdadera, seguido en primer lugar por un resto fiel de la nación carnal de Israel y luego por gente de todas las naciones. (Isaías 2:2; Miqueas 2:13; Hechos 10:34, 35)

Un renovado Pueblo de Dios se restaura en el pentecostés a la adoración pura y verdadera. (Hechos 2:1-4)

Antes de regresar al cielo él había prometido a sus discípulos leales y fieles:recibirán poder cuando el espíritu santo llegue sobre ustedes, y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea, y en Samaria, y hasta la parte más distante de la tierra”. (Hechos 1:8) Luego, unos diez días después, 120 discípulos suyos recibieron el espíritu santo prometido que les otorgó el poder para dar inicio a una amplia campaña de predicación cristiana. (Hechos 2:1-4, 41, 42) Unos 37 años después de aquel maravilloso suceso, la nación carnal de Israel recibió el castigo divino y los habitantes inicuos de Jerusalén y en especial el templo fueron destruidos por completo. (Mateo 23:37, 38; 24:1, 2) Pero, y después del año 70 e.c.: ¿Qué sucedió con el Pueblo escogido de Dios? ¿Terminó realmente “el año acepto de Jehová” cuando el “sistema de cosas” judío con su adoración en el templo de Jerusalén llegó a su fin?

Después del año 70 del primer siglo e.c

Dado que Jesús había dicho a una samaritana ,”la hora viene cuando ni en esta montaña ni en Jerusalén adorarán ustedes al Padre”; tenemos suficiente evidencia para creer que las palabras “la parte final de los días” profetizadas por Isaías 2:2-4  y Miqueas 4:1-4 se extendían mucho más lejos del año 70 e.c.. Jesús señalaba al tiempo que cuando no hubiera templo en Jerusalén, ni altares sobre las montañas en Samaria, entonces se adoraría al Padre “con espíritu y con verdad”.(Juan 4:21-24) Además, hay que sumar a esta verdad que los apóstoles hicieron una pregunta a Jesús relacionada con su “presencia” y “la conclusión del sistema de cosas” que no estaba simplemente vinculada con el sistema religioso judío de aquellos tiempos. (Mateo 24:3) Entonces aparecen cuestiones que invariablemente apuntan a otros “días” finales para un sistema de cosas, no judío, sino mundial.

Por ejemplo; NO se puede afirmar realmente que antes del 70 e.c. Jesús estaba ‘presente’ en el poder del reino y que se cumplió todo aspecto de la profecía cuando el templo fue destruido y la tierra de Jerusalén y toda Judea fue desolada. ¿Por qué? Pues porque primeramente, no era el tiempo señalado para la “presencia” del Señor y el desarrollo de acontecimientos relacionados con esa “presencia”: Un espacio de tiempo en el que el mundo globalmente convulsionado se vería marcado por la falta de amor, el odio, la violencia, por las guerras, el genocidio, la inmoralidad, el amor al dinero y los placeres, las burlas enconadas contra los verdaderos siervos de Dios y la hipocresía religiosa sin precedentes a causa de “enseñanzas de demonios”. (Mateo 24:4-8, 11, 12; 1Timoteo 4:1; 2Timoteo 3:1-5; 2Pedro 3:3; Judas 18)

Un período que, gracias a la voluntad de Dios y al testimonio cabal de las “buenas nuevas del reino”, también se destacaría por el aparecimiento de las “otras ovejas” cristianas con la esperanza de vivir para siempre aquí en la tierra siendo un paraíso. (Mateo 24: 14; Juan 10:16) El mismo tiempo que culminaría con la destrucción definitiva de la religión falsa, y el comienzo de la “gran tribulación”; la “venida” del Señor para el recogimiento al cielo del resto “ungido” o “escogidos”, el juicio de las “ovejas” y las “cabras” y el fin de este viejo mundo liberando por fin al Pueblo de Dios de la influencia inicua de Satanás el Diablo y sus acólitos.  (Mateo 24: 15, 21, 22, 29-31, 40, 41; 25: 31-46; Revelación 7: 9, 10, 14-16; 17:15-17; 19:11-16; 20:1-3; 21:3, 4)

Así,  aun cuando los “días” del sistema de cosas judío del siglo primero e.c. llegaron a su fin, mediante guerras y asedios de parte de los romanos contra la nación judía; y aunque Pablo, años antes, hubiera afirmado que las “buenas nuevas” se habían “predicado en toda la creación que está bajo el cielo” (Colosenses 1:23); en realidad, muchas, demasiadas otras  naciones de la entera Tierra eran ajenas a las “buenas nuevas del reino” de Dios, las maravillosas noticias de salvación. (Mateo 24:14; Romanos 1:16) Ciertamente,  a la adoración verdadera aun no había afluido a toda cabalidad, gente de “todas las naciones” y “pueblos”. (Miqueas 4: 1, 2)

En este mismo sentido; hay que aceptar que toda la Revelación dada a Juan por Jesucristo, tampoco había llegado a su “tiempo señalado” para que comenzaran a cumplirse “las cosas que tienen que suceder dentro de poco”. (Revelación 1:1-3) De hecho, este Apocalipsis fue revelado cerca del año 96 e.c. unos 26 años después de la destrucción del templo y la ciudad  de Jerusalén. Por lo que, como se dice en la apertura citada de este libro bíblico, su cumplimiento estaba todavía en el futuro; “dentro de poco”.

Y por ejemplo: el sellado final de todos los que llegarían a componer el reino celestial, 144.000 escogidos, no se había realizado; la “gran muchedumbre” no estaba identificada aun. Y sin embargo, esta multitud incontable de gente de toda las naciones tribus y lenguas llegaría a ser la mayoría entre aquellos que vendría a la adoración pura de Dios y diría: “Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas”. (Isaías 2:3) 

Otro detalle, es uno al cual ya se hecho referencia: Siendo Pablo contemporáneo en “la parte final de los días” para el sistema religioso judío, cerca del año 65 e.c., le argumentó al joven Timoteo de un tiempo en que las características de las personas serian muy negativas en contra del reino de Dios y de la moralidad cristiana. El llamó a ese período “los últimos días”. Lo que estaba dando a entender que habían otros “días” finales, pero hacia adelante en el futuro y relacionados, no con los judíos del siglo primero e.c., sino con toda la entera humanidad. (2Timoteo 3:1-5)

Y quizás, el punto más importante de todos, que apunta a un tiempo futuro de restauración espiritual para el Pueblo de Dios, es que Cristo profetizó que después de él vendría un período en que por la apostasía, habrían muy pocos cristianos verdaderos, que su vez, estarían circunstancialmente conviviendo ‘una larga y dura jornada’ en medio de los cristianos falsos o de imitación. Apostasía también predicha por Pablo. (Mateo 13:24-29, 36-43; 2 Tesalonicenses 2:3)

Así que, habría que esperar hasta que llegaran los “días” en que los verdaderos adoradores se salieran de entre la “mala hierba” y se congregaran como Pueblo de Dios en adoración pura mediante Cristo Jesús. Comenzaran a vivir la verdad con santidad en el temor de Dios”. Limpiándose “de toda contaminación de la carne y del espíritu”; y emprendieran la ardua, pero reconfortante y salvadora tarea de dar testimonio cabal a todas las naciones, y así finalmente viniera ‘la conclusión de este sistema de cosas’ inicuo mundial, el fin tan esperado. (Mateo 24:14; 2 Corintios 7:1) De modo que, los “días” en que “los hijos del reino” comenzaran a separarse saliendo de entre “los hijos del inicuo” no podían ser otros que “los últimos días” predichos por Pablo. (Mateo 13:38; 2Timoteo 3:16) Ahora bien, ¿cuando se presentarían esos “últimos días“?

Durante los “últimos días” de este viejo mundo

La Biblia no deja margen para dudas: Desde 1914, siendo testigos del cumplimiento cabal de “la señal” de la “presencia” de Cristo en su reino, estamos viviendo lo que Pablo nombró “los últimos días”, o como los profetas Isaías y Miqueas describieron: “la parte final de los días” de este mundo.  “Días” en que la maldad y el odio se han multiplicado sin precedentes. Y debido al “aumento del desafuero se [ha enfriado] el amor de la mayor parte”. (Mateo 24:12)

Además, la falsedad religiosa junto con las filosofías de este mundo carcomen la moralidad en la sociedad actual por todas sus esferas y estratos. Los principios cristianos se han convertido en un estorbo y hasta se consideran arcaicos y malos. (Isaías 5:20) Es tal como el apóstol mismo bajo inspiración predijo: “Los hombres inicuos e impostores avanzarán de mal en peor, extraviando y siendo extraviados”. “Porque habrá un período en que no soportarán la enseñanza saludable, sino que, de acuerdo con sus propios deseos, acumularán para sí mismos maestros para que les regalen los oídos; y apartarán sus oídos de la verdad“. (2 Timoteo 3: 13; 4:3, 4)

En los “últimos días”, la “señal de la “presencia” del rey Jesucristo en el poder del reino de los cielos se ha estado cumpliendo a grado cabal.

Desde 1914 hacia acá hemos sido progresivamente espectadores de ese ‘período en el cual la sociedad mundana liderada por sus religiones no soporta la enseñanza saludable’ y “[avanza] de mal en peor, extraviando y siendo extraviados”. Y sin embargo, a pesar de todas estas desgracias, la adoración verdadera a Jehová Dios, ‘la montaña de su casa’ se ha venido ensalzando, elevando hasta las mayores alturas, muy por encima de toda otra “colina” o ‘montaña” por toda la tierra. Muy por encima de toda otra forma de religión, que en su conjunto, debido a sus actitudes espirituales y morales con respecto a Jehová Dios y a su Palabra inspirada, todas han resultado ser falsas.

Efectivamente, podemos afirmar que en realidad vivimos en lo que Isaías y Miqueas profetizaron como “la parte final de los días” de este viejo y malvado mundo.  Sí, el cumplimiento antitípico de Isaías 2:2-4 y Miqueas 4:1-4 ha tenido lugar “en la parte final de los días” de este “sistema de cosas”, cuando la adoración verdadera a  Jehová; es decir, “la montaña de la casa de Jehová”, ha venido siendo “firmemente establecida” muy por encima de todas las demás. Y el Rey Jesucristo ha conducido al resto del Israel espiritual a la adoración pura, y a este resto le ha seguido las “otras ovejas” que como una “gran muchedumbre” proceden de todas las naciones. (Juan 10:16; Revelación 7: 9) ¡Qué gran bendición! Pero veamos más de cerca algunas evidencias de cómo en verdad la adoración pura a Dios se ha elevado en estos “últimos días”.

El Pueblo de Dios proclamando el Santo Nombre de Dios participa en elevar y establecer firmemente la adoración pura y verdadera por toda la tierra.

“La montaña de la casa de Jehová” en estos “últimos días” por toda la tierra

Tanto Isaías como Miqueas profetizaron: “La montaña de la casa de Jehová llegará a estar firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas, y ciertamente será alzada por encima de las colinas“. (Isaías 2:2; Miqueas 4:1) ¿Que se puede entender por estas palabras? ¿De qué manera “la montaña de la casa de Jehová [ha llegado a estar] firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas [y] alzada por encima de las colinas”?

Los profetas especificaron que, “La montaña de la casa de Jehová”,  la adoración pura a Jehová Dios es la que sería “firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas”, “alzada por encima de las colinas”; es decir, por encima de toda otra adoración o sistema religioso falso y pagano. Por eso, durante la “presencia” de Cristo en estos “últimos días”, la adoración al único Dios verdadero Jehová tiene que ser notablemente visible, descollante; “firmemente establecida”. ¿La puede usted diferenciar bien “alzada” por encima de toda otra forma de religión en este mundo?

Cierto es que hay disímiles religiones paganas y muchas denominaciones religiosas llamadas cristianas de las cuales cientos de millones de personas dicen ser parte o practicarlas. E incluso, se ‘regalan los oídos’ unas a otras haciéndose creer que todas son buenas y que todas conducen a Dios. ¡Qué gran mentira! Hablan de Jesucristo, dicen que él es el único camino a Dios, pero desvergonzadamente se olvidan de instruir y vivir en sus enseñanzas. Son “obradores del desafuero”, desconocidos por el Señor, ya que no están haciendo la voluntad del padre celestial. (Mateo 7:21-23; 24: 5; 2Timoteo 3:5) Por tal motivo, no es posible que alguna de todas ellas sea verdadera.

Para empezar a cuestionarlas preguntémonos:¿Están todas, con su forma de adoración, llamando la atención al Nombre personal de Dios, Jehová? La religión verdadera, “La montaña de la casa de Jehová”,  entre muchas cosas vitales, primeramente tiene que estar dando gloria al Nombre  de Dios; es “la casa de Jehová” Dios. El salmista deseando la salvación y repatriación de su Pueblo cantó: “Sálvanos, oh Jehová Dios nuestro, y júntanos de las naciones para dar gracias a tu santo nombre“. (Salmo 106:47) ¿Dan gracias al “santo nombre” de Dios, Jehová, quienes desde la cristiandad afirman que son salvos? NO. Todo lo contrario, a causa de sus comportamientos inmorales y doctrinas falsas, “el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones”. (Romanos 2:24)

La realidad es que, la cristiandad no solo se rehúsa a usar el nombre de Dios, Jehová, sino que lo han sustituido por otros términos y hasta lo han intentado borrar de las Escrituras Sagradas al quitarlo de sus propias versiones de la Biblia. Así tenemos el caso de quienes revisaron y usan la versión de la Biblia Reina-Valera de 1990, donde han quitado por completo el nombre “Jehová” y han colocado “el Eterno”. Otro caso particularmente irreverente es el que sucede con La revisión adventista hecha de la Reina-Valera en el año 2000. Ellos escriben en su introducción: “Ahora para expresar el augusto nombre de Dios, esta revisión del año 2000, sigue el modelo del Nuevo Testamento. Cuando el NT cita algún pasaje del AT que tiene el tetragrama hebreo YHWH, no dice “Jehová”, sino “SEÑOR”.

Existen muchas más versiones de las Escrituras, y muchas religiones  de este tipo que cada día aumentan su número y su irrespeto hacia el sagrado nombre personal del autor de la Biblia: Jehová Dios. Y aun cuando no retiran el nombre personal de Dios de sus Biblias, no lo usan al adorarle, ni se lo enseñan a sus feligreses; así también, reniegan darle gloria y honra. E incluso, se atreven a criticar y despreciar a los que sí desean usarlo, bendecirlo y honrarlo como se merece: Una minoría cristiana que en la actualidad por toda la tierra como predicadores del reino de Dios han estado muy activos dando testimonio cabal de ese Nombre Sagrado y de “las buena nuevas del reino” de Dios en manos de Jesucristo para salvación. ¿Quiénes son esos?

Los Testigos de Jehová firmemente establecidos en Su adoración pura a Dios

En 1919, gracias a la guía de Jehová mediante Cristo Jesús, el “amo” y “pastor excelente” se salieron de “Babilonia la grande” al separarse por completo de los lazos que le unían con la cristiandad y han seguido limpiándose de todo vestigio de falsedad doctrinal y moral. (Isaías 52:11, 12; Jeremías 51:45;  Mateo 24:45; Juan 10:11, 14; Revelación 18:4) Desde 1931 adoptaron unánimemente la resolución de darse a conocer y ser llamados como Testigos de Jehová; los siervos cristianos dedicados del Dios Altísimo y Todopoderoso Jehová. (Génesis 17:1; Salmo 83:18; Isaías 43:10) Ninguna otra religión sobre la tierra ha dado tanta importancia al nombre de Dios y a su adoración pura como ellos. Los Testigos de Jehová han hecho muy suyas las palabras del rey David cuando cantó: “Jehová es la plaza fuerte de mi vida“. Y “elogiaré tu nombre, oh Jehová, porque es bueno“. (Salmo 27:1; 54:6)

Jesús, “el testigo fiel y verdadero” de nuestro Padre celestial Jehová; recordó, sentenció y ordenó: “está escrito: ‘Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado’“. (Mateo 4;10; Revelación 3:14) Mientras que “las [otras] montañas”, las religiones de este mundo inicuo y entre ellas la cristiandad, veneran a otros dioses, santos, vírgenes, cruces, iconos, ídolos de piedra, madera y metal;  y rinde culto a una Trinidad, una filosofía pagana antibíblica; los cristianos Testigos de Jehová obedecen estrictamente al Señor Jesucristo ‘adorando’ y rindiendo “servicio sagrado” únicamente a Jehová Dios. Y nadie, en ningún rincón de la tierra los hace “temblar”. (Miqueas 4:4)

Aunque en 1914 los Testigos de Jehová (entonces Estudiantes de la Biblia) eran muy pocos cuando dio comienzo la “presencia” del Señor, han venido aumentando progresivamente en sus congregaciones cristianas.  En realidad “muchos pueblos” y “naciones” han afluido a “la casa de Jehová” desde 1919 en adelante. Y a la misma vez, la pureza espiritual y moral, junto con el mejor entendimiento de la verdad bíblica, ha ido siendo cada día más ensalzada por encima de toda otra “montaña” o sistema de adoración de este mundo.

En 1935, finalmente, entendieron la correcta identidad de la “gran muchedumbre” y  desde entonces, miles, centenas de miles, millones de “otras ovejas” han subido  “a la montaña de Jehová y a la casa del Dios de Jacob”, para ser instruidos “acerca de sus caminos” y para andar  “en sus sendas”. (Isaías 2: 3; Juan 10:16; Revelación 7:9, 10) Para ser enseñados por Jehová, y adquirir conocimiento exacto de él y de Su Hijo Jesucristo para vida eterna sobre la tierra. (Isaías 54:13; Mateo 5:5; Juan 6: 45; 17:3)

Los Testigos de Jehová, no se han dejado llevar ni por tradiciones paganas religiosas, ni por estilos de vida modernos inmorales; sino que mediante estudio concienzudo, oración y espíritu santo, han sacado a la luz las verdades bíblicas que por siglos la religión de este mundo ha sepultado, y se han educado mediante las Escrituras en la moralidad cristiana. Y no solo eso, sino mas importante, mediante fe genuina, han vivido y viven la verdad a diario como siervos dedicados de Dios. (2 Corintios 4:2; 6:4)

Los Testigos de Jehová unidos en amor verdadero como una hermandad de muchas naciones, pueblos, tribus y lenguas, mediante el Señor Jesucristo dan gloria y rinden adoración pura a Dios. (Juan 13:34, 35)

Hoy, el Pueblo de Jehová en toda la tierra solo es un pequeño resto “ungido” de los 144.000 escogido para el reino de los cielos liderado por Jesucristo. (Revelación 7:4; 14:1) Sin embargo, esta pequeña nación espiritual ha atraído hasta la actualidad a una población total, “una gran muchedumbre”  de “otras ovejas” de más de ocho millones (8.000.000) de cristianos, que como grandes bandos de palomas se han acercado a Dios para ‘andar en sus caminos’ y vivir a la luz de Dios como verdaderos hermanos. (Isaías 60:8; 1 Juan 2;10; 4:21; Revelación 7:9, 10) Y así, otra importante profecía para estos “últimos días” se ha cumplido a grado cabal: ‘De la falda de un hombre que es judío se han asido diez hombres de todos los lenguajes de las naciones’ y han dicho: “Ciertamente iremos con ustedes, porque hemos oído que Dios está con ustedes”. (Zacarías 8:23; Romanos 2:28, 29)

Entonces, dado que, en esta “parte final de los días” la adoración pura a Dios, dentro de Su Pueblo, los Testigos de Jehová, y mediante Jesucristo, el Rey y Señor del reino de los cielos, ha sido “firmemente establecida por encima de la cumbre de las montañas”; y puesto que a ésta adoración verdadera han afluido muchos “pueblos”, gente de todas las “naciones” para adorar “con espíritu y con verdad” (Lucas 1:32, 33; Juan 4:24): ¿Podemos asegurar que mientras el mundo se va hundiendo en su decadencia espiritual y moral, el Pueblo de Dios, sus Testigos, por el contrario, vive en un paraíso espiritual? ¿Se puede observar un paraíso espiritual entre ellos? ¿Ha producido Jehová prosperidad espiritual mediante el rey Jesucristo dentro de los límites de su Pueblo actual; los Testigos de Jehová? En un último artículo de esta secuencia se responderán esas interrogantes.


*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

Tagged , , , , . Bookmark the permalink.

Comments are closed.