“Por causa de los escogidos”

Una familia del siglo I E.C. observa desde la azotea como es derribado el muro de la muralla de Jerusalén por los romanos. La Atalaya 15-7-2015

Una familia del siglo I E.C. observa desde la azotea como es derribado el muro de la muralla de Jerusalén por los romanos.

En Mateo 24:21, 22 leemos: “Entonces habrá gran tribulación como la cual no ha sucedido una desde el principio del mundo hasta ahora, no, ni volverá a suceder. De hecho, a menos que se acortaran aquellos días, ninguna carne se salvaría; mas por causa de los escogidos aquellos días serán acortados”.

En el siglo I E.C. ¿Cómo se cumplió esta profecía?

Según estas palabras proféticas de Cristo ¿qué le esperaba a la nación judía del siglo primero E.C y qué se haría por los cristianos que estuvieran viviendo en Jerusalén durante el cumplimiento de ésta profecía?

Durante el siglo I E.C., las palabras de Jesús en Mateo 24:21,22  tuvieron un cumplimiento preliminar.

En el año 66, los ejércitos romanos, comandados por Cestio Galo, sitiaron la ciudad de Jerusalén. Las tropas romanas llegaron a socavar el muro del templo, y muchos judíos estuvieron a punto de rendirse. ¿Qué sucedió entonces?

Cestio Galo retiró sus tropas inesperadamente y sin razón aparente. Sin embargo, quienes recordaron las palabras de Jesús se dieron cuenta que a causa de ellos (“los escogidos”), ‘aquellos días fueron acortados’. De modo que, entonces pudieran salvarse, o como Cristo mismo señaló, ‘alguna carne se salvara’ de la destrucción inminente que le sobrevenía a todo el sistema de cosas judío inicuo. Le venía el fin profetizado por el propio Hijo de Dios. ”Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella…, ¡cuántas veces quise reunir a tus hijos, como la gallina reúne sus pollitos debajo de sus alas! Pero ustedes no lo quisieron. ¡Miren! Su casa se les deja abandonada a ustedes.” “En verdad les digo: De ningún modo se dejará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”.” (Mateo 23:37-38; 24:2).

Entonces: ¿Qué hicieron los cristianos de Jerusalén cuando vieron que los ejércitos romanos abandonaban el sitio?

Al ver que los romanos se retiraban, los cristianos obraron en conformidad con las palabras que Jesús había pronunciado muchos años antes: “Cuando vean a Jerusalén cercada de ejércitos acampados, entonces sepan que la desolación de ella se ha acercado. Entonces los que estén en Judea echen a huir a las montañas, y los que estén en medio de Jerusalén retírense, y los que estén en los lugares rurales no entren en ella”. (Lucas 21:20, 21.) “Los escogidos” en Jerusalén, judíos cristianizados, abandonaron de inmediato la ciudad condenada a la destrucción, y así, aquella “carne” se salvó del terrible fin que pronto le acaecería a la ciudad con su templo y su gente.

Tal y como se había anunciado y confirma la historia, sobre el año 70 E.C., las legiones romanas regresaron bajo el mando del general Tito. Acamparon alrededor de Jerusalén, la sitiaron y la devastaron. No obstante, “los escogidos” fueron salvados y sobrevivieron a aquella “gran tribulación”.

¿Quiénes eran “los escogidos”?

Ya hemos escrito que los cristianizados que vivían en Jerusalén fueron “los escogidos” que se salvaron de la destrucción del sistema de cosas judío. Ellos a partir del Pentecostés del 33 E.C. (Hechos 2:1-4) habían sido ungidos con espíritu santo y habían recibido y aceptado las promesas del reino de Dios en Jesucristo.

Al arribo del año 70, Dios ya no consideraba a los judíos naturales su pueblo escogido. Jesús había indicado, como ya se ha citado, que Dios había rechazado a la nación e iba a permitir que su ciudad capital, su templo y su culto tuvieran un final. (Mateo 23:37–24:2.) E incluso, antes de que Cestio Galo en el año 66 E.C, llegara con sus tropas e invadiera la ciudad santa de los judíos, en el primer concilio cristiano bíblico, se había demostrado que Jehová Dios ya tenía una nueva nación escogida, el Israel espiritual, “un pueblo para su nombre” en el que los gentiles o gente de las naciones, los no judíos también eran incluidos misericordiosamente. (Lea Hechos 15:14; compare con Romanos 2:28, 29; Gálatas 6:16). Esta, realmente era una nación espiritual compuesta de hombres y mujeres escogidos de todas las naciones y ungidos con espíritu santo. (Mateo 22:14; Juan 15:19; Hechos 10:1, 2, 34, 35, 44, 45).

Unos años antes del ataque de Cestio Galo, Pedro escribió a “los escogidos según la presciencia de Dios el Padre, con santificación por el espíritu”. Tales ungidos con espíritu componían “una raza escogida, un sacerdocio real, una nación santa”. (1 Pedro 1:1, 2; 2:9.) Ellos eran parte de los que Dios llevaría al cielo para reinar con Jesús. (Colosenses 1:1, 2; 3:12; Tito 1:1; Revelación 17:14).

Identificar a “los escogidos” es muy útil para poder completar la compresión que tengamos de Mateo 24:21, 22. Pues hasta nuestros días Jehová nuestro Dios ha estado escogiendo a aquellos que compondrán el “pueblo para su nombre”. Hasta hoy Dios ha estado separando a hombres y mujeres, cristianos verdaderos, para que sean “una raza escogida, un sacerdocio real, una nación santa”. Y así quede completado el número de los 144 000 que reinaran y serán sacerdotes con Cristo en los cielos. (Hechos 15:4; 1 Pedro 1:1, 2; 2:9; Revelación 7:1-8; 14:1; 17:14).

De modo que, si hasta nuestros días quedan “escogidos” viviendo en este tiempo del fin sobre la tierra; entonces las palabras de Jesús de Mateo 24:21, 22 aun esperan un cumplimiento mayor y final.

¿En el tiempo del fin?

Hay buena razón para pensar que la profecía de Jesús tendría un cumplimiento mayor, que trascendería lo sucedido en el período que culminó en el año 70. (Compárese con Mateo 24:7; Lucas 21:10, 11; Revelación 6:2-8.) Los testigos de Jehová hemos predicado por décadas que el cumplimiento mayor que tiene lugar en nuestro tiempo prueba que podemos esperar pronto una “gran tribulación” a gran escala. Durante esta, ¿cómo se cumplirán las palabras proféticas de Mateo 24:22?

Cerca de dos décadas después de la tribulación de Jerusalén, el apóstol Juan escribió el libro de Apocalipsis [Revelación], el cual confirmó que una “gran tribulación” aún se hallaba en el futuro. Y como nos interesa todo lo que nos afecta personalmente, puede aliviarnos saber que la profecía de Revelación asegura que también habrá carne humana que pase con vida a través de la venidera “gran tribulación”.

Al leer Revelación 7:1-8; podemos apreciar que si aun en medio de las condiciones adversas que estamos viviendo actualmente no ha venido el fin es a causa de “los escogidos” de Dios. A los ángeles responsables de soltar los viento destructivos sobre el mundo inicuo actual, se les ha dado orden de esperar hasta después que se haya sellado en la frente a los esclavos de nuestro Dios””.

Este sellamiento no se refiere al momento de ser llamados por Dios (2 Corintios 1:22; compare con Efesios 1:13,14.) No, sino que se refiere al instante definitivo que se les confirma el futuro inmortal en los cielos: Al momento tras haber llevado una vida en integridad y fidelidad a Dios desde que fue llamado y escogido. (Revelación 2:10; 17:14.) El resto ungido que se encuentre en la tierra cuando la “gran tribulación” estalle son definitivamente sellados justo antes, para estar listo completamente y ser llevados al cielo cuando se acorten los días de la “gran tribulación”.

Hoy entendemos, que en medio de la “gran tribulación”, quizás por un corto espacio de tiempo, un resto de nuestros queridos hermanos “escogidos” ungidos, vivirán a la espera de ser transformados y recogidos al cielo por el Señor Jesucristo antes de que el Armagedón estalle y termine con la maldad y los opositores del reino de Dios. (Para una consideración más amplia vea: La Atalaya  15/7/15 págs. 18-19 pp. 14,15 “Su liberación se acerca” BRILLARÁN COMO EL SOL EN EL REINO)

Los ungidos que queden en la tierra durante la gran tribulación y antes que estalle el Armagedón, en verdad serán la “carne” que se salvará, “los escogidos” por los cuales aquellos días serán acortados. No obstante, millones de cristianos hoy, que acompañan a los ungidos en la fe y la obra de dar testimonio sobre el reino de los cielos en manos de Jesucristo y santificar el Nombre de Jehová Dios, también serán bendecidos y beneficiados con la salvación tras la gran tribulación y al final de este inicuo sistema mundial de cosas de Satanás.

Juan en Revelación 7 también visualizó a “una gran muchedumbre […] de todas las naciones y tribus y pueblos y lenguas”. ¿Quiénes son esta muchedumbre incontable? ¿Quiénes la componen? Una voz del cielo contesta: “Estos son los que salen de la gran tribulación”. (Revelación 7:9, 14.) Así pues, todos aquellos que no han sido llamados por Dios para “una raza escogida, un sacerdocio real, una nación santa”, pero que salen de la gran tribulación, y han lavado sus ropas largas y las han emblanquecido en la sangre del Cordero”; ¡serán supervivientes! Y tendrán la magnífica oportunidad privilegiada de vivir para siempre aquí en la Tierra convertida en un hermoso paraíso. Especialmente ellos serán los justos y mansos que reciben la tierra por herencia. (Lea Mateo 5:5; compare con Salmo 37: 11,29).


*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

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About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.

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