¿Puede el hombre escoger servir a Dios?

““Ve que de veras pongo delante de ti hoy la vida y lo bueno, y la muerte y lo malo.”” (Deuteronomio 30:15).*

Adán y Eva eran perfectos cuando fueron creados por Dios y puestos en el jardín de Edén. En ellos no había pecado. Tenían, además, un libre albedrío sin condicionamiento alguno, una libertad que les permitía andar en obediencia o en desobediencia según lo que conocían de su propio Creador y Padre celestial. Las propias Escrituras lo muestran claramente. (Leer Génesis 2:15-17). ¿Cómo era la perfección de la primera pareja humana y que nos enseña la Biblia sobre el libre albedrío del que gozaban?

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Ilustración de Adán y Eva. Ellos decidieron pecar, no fueron obligados a desobedecer.

Perfección y libre albedrío en Adán y Eva

La perfección en sentido absoluto tan solo corresponde al Creador, Jehová Dios. Debido a esto, Jesús pudo decir de su Padre: “Nadie es bueno, sino uno solo, Dios”. (Marcos 10:18.) Jehová es incomparable en su excelencia, merecedor de toda alabanza, supremo en sus magníficas cualidades y poderes, a tal grado, que “solo su nombre es inalcanzablemente alto”. (Salmos 148:1-13; Job 36:3, 4, 26; 37:16, 23, 24; Salmos 145:2-10, 21.)  En el caso de la primera pareja humana, como todas las criaturas inteligentes de Dios (por ejemplo los ángeles), la perfeción era a causa de haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios, pero no era absoluta. (Léase Génesis 1:27).

Sin embargo, el hecho de haber sido creados a la imagen y semejanza de Dios, no significaba que Adán y Eva no podían pecar. La perfección humana en ellos, no significaba que  eran como un robot. Los robots, son programados para hacer cosas específicas. Adán y Eva fueron hechos para vivir con libre albedrío. Según la Biblia, el libre albedrío otorgado por Dios a sus criaturas inteligentes, es a la misma vez un privilegio y una responsabilidad. Tal privilegio y responsabilidad, otorga a las creaciones racionales de Dios, la posibilidad de servirle y adorarle por amor genuino, y no por una obediencia mecánica y autómata. De modo que, Jehová dio a la humanidad capacidad para escoger entre lo correcto y lo incorrecto, entre la obediencia y la desobediencia, y para tomar decisiones morales. Puesto que así fue como se diseñó a los humanos, el no poder tomar tales decisiones (y no una decisión imprudente) sería lo que habría indicado imperfección.

Así que para que se entienda mejor, Adán y Eva, no estaban obligados, ni por Dios, ni por fuerza alguna externa a hacer lo correcto para que eso indicara que eran perfectos. No; afirmar que estaban obligados a hacer lo correcto, es como decir que no tenían alternativa. Pero Dios no los creó de tal modo que su obediencia fuera automática. Dios les dio la facultad de escoger, para que pudieran obedecer porque lo amaban. O, si permitían que el corazón se les hiciera egoísta, se harían desobedientes. ¿Qué significa más para usted… que alguien haga algo para usted porque por fuerza tenga que hacerlo, o porque quiera hacerlo?

Aunque fueron creados perfectos, el cuerpo físico de ellos no continuaría funcionando perfectamente si no se le proveía alimento apropiado. Así, también, si dejaban que la mente se alimentara de malos pensamientos, esto les causaría deterioro moral; ya no serían santos. Santiago 1:14, 15 explica: “Cada uno es probado por medio de ser provocado y atraído seductoramente por su propio deseo. Luego el deseo, cuando se ha hecho fecundo, da a luz el pecado”. En el caso de Eva, los deseos incorrectos empezaron a desarrollarse cuando ella escuchó con interés a Satanás, quien usó a una serpiente como su portavoz. Adán hizo caso a la instancia de su esposa de que la acompañara en comer del fruto prohibido. En vez de rechazar los pensamientos malos, ambos abrigaron deseos egoístas. Esto resultó en actos pecaminosos. (Génesis 3:1-6).

Nunca fue la voluntad de Dios, ni su plan que Adán y Eva pecaran. ‘Jehová es un Dios de amor (1 Juan 4:8). Todos sus caminos son justos. (Salmo 37:28; Deuteronomio 32:4.) El le advirtió a Adán que no lo hiciera. (Génesis 2:17.) Fue Adán quien escogió rebelarse en contra de Dios, a pesar de la advertencia de que aquello le acarrearía la muerte’.

Incluso, después de la expulsión de Adán y Eva del jardín de Edén, ellos, como creación de Dios, continuaron poseyendo libre albedrío. Y lo trasmitieron como herencia a sus descendientes. El acto en el que Abel y Caín deciden hacer sacrificios a Dios, fue algo que ellos eligieron, decidieron por propia voluntad. No existe un argumento bíblico que demuestre lo contrario. O sea, ellos continuaban poseyendo el magnífico privilegio y la responsabilidad digna de buscar a Dios y adorarle por deseo y voluntad propia. Sus ofrendas revelaban su reconocimiento de que eran pecadores y su deseo de obtener el favor divino. (Génesis 4:3,4).

Israel y el libre albedrío

En el pasaje de Deuteronomio capítulo 30, encontramos una muestra fehaciente, que aun después, de Adán y Eva, Dios mantuvo su norma justa de permitirle a la creación humana continuar con libre albedrío. Mostrandole que El, Jehová, no obliga a sus creaciones inteligentes a obedecerle.

Aunque la nación de Israel, había sido escogida por medio de un pacto hecho a Abrahán y a Isaac y Jacob; ellos al entrar como una de las partes de ese pacto, donde Jehová era la otra parte, y Moisés el mediador, tuvieron la oportunidad de escoger qué hacer.

Jehová por medio de Moisés les dijo: ”Ve que de veras pongo delante de ti hoy la vida y lo bueno, y la muerte y lo malo. Si escuchas los mandamientos de Jehová tu Dios, que te estoy mandando hoy, para amar a Jehová tu Dios, andar en sus caminos y guardar sus mandamientos y sus estatutos y sus decisiones judiciales, entonces de seguro te mantendrás vivo y te multiplicarás, y Jehová tu Dios tendrá que bendecirte en la tierra a la cual vas para tomar posesión de ella. ”Pero si tu corazón se aparta y no escuchas, y realmente te dejas seducir y te inclinas ante otros dioses y les sirves, de veras les informo hoy a ustedes que positivamente perecerán” (Deuteronomio 30:15-18).

Tal como lo expresó Moisés, en aquella ocasión ante la nación, Jehová no les impuso un destino, ni los obligó a obedecerle. Más bien, les dejó dos opciones para escoger según el propio libre albedrío que poseían. Claro, también les advirtió, sobre el resultado que tendrían al escoger. Así como en el caso de Adán y Eva, ahora aquella gente tenían ante si vida y muerte; bueno y malo. De ellos dependían, las bendiciones de Dios o un resultado desastroso.

Ellos como nación habían sido escogidos, pero como nación e individualmente tenían la posibilidad de ser obedientes o desobedientes. Amar o despreciar a su Dios Jehová. Al estar ya en posesión de la tierra prometida, nuevamente, Jehová, esta vez por medio de Josué, les trajo a recordatorio la misma situación. Y ellos, no como obligados, ni como destinados, aceptaron aquellas palabras de Dios por medio de Josué. Sino que ellos escogieron por su propia cuenta servir a Jehová.

Las Escrituras dicen: A su vez el pueblo dijo a Josué: “¡No, sino que a Jehová serviremos!”. Ante esto, Josué dijo al pueblo: “Ustedes son testigos contra ustedes mismos de que de su propia cuenta han escogido para sí a Jehová, para servirle”. A lo cual dijeron: “Somos testigos”.” (Josué 24:21, 22).

Los ninivitas y el libre albedrío

Los ninivitas no fueron una nación escogida por Dios. Nunca tuvieron con Jehová un pacto de amistad o relación sagrada de adoración. De hecho, se cree, debido a investigaciones arqueológicas e históricas, que la deidad principal de Nínive parece haber sido Istar, diosa del amor y de la guerra. Ellos, por su parte, estaban alejados del Dios vivo Jehová. (Jeremías 10:10.) Pero ¿qué sucedió en los días del porfeta Jonás? ¿Qué escogieron hacer los ninivitas?

Cuando Jonás fue enviado por Jehová a Nínive una ciudad “de derramamiento de sangre”, fue para un juicio de condenación y destrucción masiva. (Jonás 1: 2; 3:2-4; Nahúm 3: 1,7.) En cambio, la actitud que demostraron los ninivitas ante la predicación del profeta, hizo que Jehová retornara su mano encolerizada hacia atrás con respecto a Nínive y por el contrario les bendijera. ¿Estaban los ninivitas destinados a obedecer a Dios? No, ellos escogieron buscarle, poner fe y obrar hasta donde le conocían e implorarle perdón por sus vidas.

El libro bíblico inspirado de Jonás dice: “Y los hombres de Nínive empezaron a poner fe en Dios”. Y agrega que procedieron a proclamar un ayuno y a ponerse saco, desde el mayor de ellos aun hasta el menor de ellos. Cuando la palabra llegó al rey de Nínive, entonces él se levantó de su trono y quitó de sí su prenda de vestir oficial y se cubrió de saco y se sentó en las cenizas. Además, mandó que se hiciera el pregón, e hizo que este se dijera en Nínive, por el decreto del rey y sus grandes, diciendo: “Ningún hombre ni animal doméstico, ninguna vacada ni rebaño, debe probar cosa alguna en absoluto. Ninguno debe tomar alimento. Ni siquiera agua deben beber. Y que se cubran de saco, hombre y animal doméstico; y que clamen a Dios con fuerza y se vuelvan, cada uno, de su mal camino y de la violencia que había en sus manos. ¿Quién hay que sepa si el Dios [verdadero] se vuelva y realmente sienta pesar y se vuelva de su cólera ardiente, de modo que no perezcamos?”. Y el Dios [verdadero] llegó a ver las obras de ellos, que se habían vuelto de su mal camino; y por eso el Dios [verdadero] sintió pesar en cuanto a la calamidad de que había hablado que les causaría; y no [la] causó.” (Jonás 3:5-10).

La Biblia muestra otros muchos ejemplos de que todas las creaciones inteligentes de Dios, poseen libre albedrío. Los humanos en especial, fueran Adán y Eva o sus descendientes nacidos en pecado e imperfección gozaron y gozan de el privilegio y la responsabilidad de elección por voluntad propia.

El Cristo su perfección humana y el libre albedrío

Hasta aquí, está claro que, aunque Dios dirija su atención hacia nosotros para ayudarnos, los factores determinantes para establecer una relación con Jehová, sea el hombre perfecto o no, son nuestra voluntad y selección personales. El ser humano, al conocer de Dios, de nuestro Creador, está en condición de decidir si amarlo y obedecerle o no.

Si insistiéramos en que un hombre perfecto no puede adoptar un mal proceder cuando hay una cuestión moral de por medio, ¿no deberíamos, por la misma razón, argüir también que una criatura imperfecta no podría adoptar un proceder correcto si tuviese que decidir sobre esa misma cuestión moral? Sin embargo, hay criaturas imperfectas que han adoptado un proceder correcto en asuntos morales que implican obediencia a Dios y hasta han escogido ser perseguidos antes que transigir, mientras que al mismo tiempo hay quienes escogen hacer lo que saben que es incorrecto. Por consiguiente, no todas las malas acciones pueden justificarse con la imperfección humana, porque simplemente el ejecutor de esas acciones esta destinado a hacerlas. De nuevo, los factores determinantes son la voluntad y la selección personal. Asimismo, en el caso del primer hombre, la perfección humana por sí sola no garantizaba una conducta recta, sino el ejercicio de su libre albedrío y la facultad de selección, impulsados ambos por el amor a su Dios y a lo que es recto. (Pr 4:23.) ¿Y en el cristianismo, se mantiene la misma situación? ¿Tenía Jesucristo libre albedrío?

Jesucristo, el propio Hijo de Dios, cuando estuvo en la tierra como un ser humano, tal vez sea el mejor ejemplo para explicar cómo funciona todavía hoy el libre albedrío, tanto en personas perfectas como imperfectas.

Jesús nació como ser humano perfecto, santo, sin pecado. (Lucas 1:30-35; Hebreos 7:26.) Como es natural, su perfección física no era infinita, sino que se hallaba dentro de los límites humanos, y experimentó algunas limitaciones propias de su condición humana: se cansó, tuvo hambre y sed; era mortal. (Marcos 4:36-39; Juan 4:6, 7; Mateo 4:2; Marcos 15:37, 44, 45.) En una comparación, al encontrarse como ser humano perfecto, era en igualdad justa semejante a Adán antes de que éste último cometiera el primer pecado.

¿Estaba obligado Jesús, como robot preprogramado, obedecer a Jehová Dios durante toda su estancia sobre la tierra como humano? No. Como se ha dicho antes, sobre Adán y Eva y otras criaturas de Dios, Jesús gozaba del libre albedrío. Aunque siempre escogió ser obediente, tenía ante sí la posibilidad, el privilegio y la responsabilidad de seleccionar qué hacer con respecto a todo en su vida. Si amar y adorar a Jehová Dios, o por el contrario desobedecerle y terminar como Adán, repudiando al Creador.

¿Cuántas veces se ha hablado de las tentaciones a las que Jesús fue sometido por Satanás el Diablo? Muchas ¿Verdad? Y siempre este relato tiene algo nuevo que enseñarnos o recordarnos. Esta vez vamos a hacer alusión a que Satanás no era ni es un tonto. Cuando puso a prueba al Hijo del Hombre, a Jesús, lo hizo porque creía que existía la posibilidad de que este cayera y como Adán pecara. (Mateo 4:1-11; Lucas 4:1-12.) Si Jesús hubiera estado preprogramado para actuar, aquellas tentaciones hubieran carecido de fundamento para él y para el mismo Satanás. Ya que Cristo en realidad no hubiera sido tentado, más bien hubiera pasado por un test de comprobación algorítmico como se le hacen a los robots. Luego, aquellas tentaciones finalmente, hubieran carecido de sentido total. Pues supondrían que con libre albedrío nadie puede servirle a Dios ni por amor ni por elección propia. En realidad, el libre albedrío hubiera sido una farsa de parte de Dios. Sin embargo, Jesús sí demostró tener libre albedrío y que deseaba usarlo para hacer la voluntad de su Padre en los cielos y amarlo profundamente. (Hebreos 10:7-9; Juan 6:38 compare con Salmo 40:8).

Aunque fue escogido por Su Padre como la descendencia prometida de Génesis 3:15, para llevar a cabo el propósito de la salvación de la humanidad del pecado y la muerte; Cristo Jesús, aceptó su asignación en obediencia total a Dios por elección propia y no como obligado o programado sin alternativas. El escogió servir a su Padre hasta las últimas consecuencias. Horas antes de morir oró: ““Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa. Sin embargo, no como yo quiero, sino como tú quieres”” (Mateo 26:39.) La expresión no como yo quierono solo demuestran el interés genuino de obediencia a Dios por parte de Jesús en hacer la voluntad de Su Padre; sino que también dejan ver que Jesucristo tenía ante sí el privilegio y la responsabilidad de escoger entre hacer lo que él quería o lo que quería su Padre.

¿Controla Dios nuestro destino? Ilustración: jw.org

¿Controla Dios nuestro destino? Ilustración: jw.org

Predeterminación de los ‘llamados y escogidos’ y el libre albedrío

Algunos textos de la Biblia tratan acerca de aquellos cristianos que han sido “llamados” o “escogidos”. (Judas 1; Mateo 24:24.) Se dice que son “escogidos según la presciencia de Dios” (1Pedro 1:1, 2), ‘escogidos antes de la fundación del mundo’, ‘predeterminados a la adopción como hijos de Dios’ (Efesios 1:3-5, 11), ‘elegidos desde el principio para la salvación y llamados a este mismo destino’. (2Tesalonicenses 2:13, 14.) El sentido de estos textos depende de que se refieran a la predeterminación de ciertas personas individuales o de que hablen de la predeterminación de una clase de personas, a saber, la congregación cristiana, el “solo cuerpo” (1Corintios 10:17) de los que serán coherederos con Cristo Jesús en su Reino celestial. (Efesios 1:22, 23; 2:19-22; Hebreos 3:1, 5, 6).

En caso de que estas palabras aplicaran a individuos específicos que han sido predeterminados a la salvación eterna, querrían decir que esas personas nunca podrían resultar infieles ni fallar en su llamada. Suena como que Dios los predeterminaba a cada uno personalmente a cierto destino que jamás podría fracasar o ser frustrado. Así mismo, eso querría decir que estos “llamados” y “escogidos” igualmente no gozarían de un verdadero y justo libre albedrío, ya que estaban particular e individualmente predestinados y sin elección . No obstante, los mismos apóstoles a los que se inspiró para escribir las palabras supracitadas mostraron que algunos que fueron ‘comprados’ y ‘santificados’ por la sangre del sacrificio de rescate de Cristo y que habían “gustado la dádiva gratuita celestial” y habían “llegado a ser participantes de espíritu santo […] y los poderes del sistema de cosas venidero” apostatarían sin posibilidad de arrepentimiento, y así se acarrearían destrucción. (2Pedro 2:1, 2, 20-22; Hebreos 6:4-6; 10:26-29).

Los apóstoles, sabían que Dios les había dado la posibilidad de que ellos y todos los cristianos pudieran acercársele mediante la fe en el sacrificio redentor de Cristo. (Hebreos 7:25.) Pero instaron aunada y unidamente a aquellos a quienes escribieron: “Hagan lo sumo por hacer seguros para sí su llamamiento y selección; porque si siguen haciendo estas cosas no fracasarán nunca”, y: “Sigan obrando su propia salvación con temor y temblor”. (2 Pedro 1:10, 11; Filipenses 2:12-16.) Por ejemplo, es obvio que Pablo, quien fue “llamado a ser apóstol de Jesucristo” (1Corintios 1:1), no se consideró como persona predestinada a la salvación eterna, puesto que habla de sus vigorosos esfuerzos por tratar de alcanzar “la meta para el premio de la llamada hacia arriba por Dios” (Filipenses 3:8-15) y también expresa su preocupación de no llegar a ser desaprobado de algún modo’. (1Corintios 9:27). Tenía ante sí la elección de continuar esforzándose, obrando en su fe; o desfallecer y abandonar y ser “desaprobado” para no recibir el “premio”.

De manera similar, el que se les conceda “la corona de la vida” está sujeto a que permanezcan fieles bajo pruebas hasta la mismísima muerte (Revelación 2:10, 23; Santiago 1:12); en caso contrario, pueden perder la corona de su correinado con el Hijo de Dios. (Revelación 3:11.) El apóstol Pablo expresó su confianza en que tendría “reservada la corona de la justicia” solo después de tener la certeza de que se acercaba el fin de su vida, cuando casi había “corrido la carrera hasta terminarla”. (2Timoteo 4:6-8).

Por otra parte, si se entiende que los textos citados antes aplican a una clase, es decir, a la congregación cristiana o “nación santa” de los llamados considerada en conjunto (1Pedro 2:9), entonces significan que Dios preconoció y predeterminó que llegaría a existir dicha clase (pero no qué personas específicas la formarían). En ese caso, también querrían decir que Él prescribió o predeterminó, según su propósito, el “modelo” al que tendrían que conformarse los que, a su debido tiempo, fueran llamados para ser miembros de ella. (Romanos 8:28-30; Efesios 1:3-12; 2 Timoteo 1:9, 10.) Dios también predeterminó qué obras se esperaría que estos llevaran a cabo, así como el hecho de que serían probados debido a los sufrimientos que el mundo les causaría. (Efesios 2:10; 1Tesalonicenses 3:3, 4).

Finalmente, si por predestinación, la oportunidad de recibir los beneficios del sacrificio de rescate de Cristo Jesús ya hubiera estado irrevocablemente cerrada para algunos, quizás para millones de personas, incluso antes de que nacieran, debido a que nunca pudieran ser merecedores de esos beneficios, no podría decirse con sinceridad que el rescate se había hecho disponible para todos los hombres y que el libre albedrío es realmente una dadiva divina de amor. (2Corintios 5:14, 15; 1Timoteo 2:5, 6; Hebreos 2:9.) No podría decirse que realmente Dios ama a la humanidad con el deseo que mediante lo que conozcamos sobre El nos salvemos. (Juan 3:16,17; 17:3).

Es obvio que la imparcialidad de Dios no es una simple metáfora. “En toda nación, el que le teme [a Dios] y obra justicia le es acepto.” (Hechos 10:34, 35; Deuteronomio 10:17; Ro 2:11.) La opción de buscar a Dios, por si acaso ‘buscan a tientas y verdaderamente lo hallan, aunque, de hecho, no está muy lejos de cada uno de nosotros’, está disponible para todas las personas. (Hechos 17:26, 27.) Por consiguiente, la exhortación divina que se da al final del libro de Revelación: “Cualquiera que oiga, diga: ‘¡Ven!’. Y cualquiera que tenga sed, venga; cualquiera que desee, tome gratis el agua de la vida” (Revelación 22:17), no es una esperanza vacía o una promesa hueca.

Realmente, aunque Jehová ha trazado el camino para que le adoremos y sirvamos, aunque ha escogido y predeterminado hasta a una “nación santa”; tanto los integrantes de esa “nación” espiritual como el resto de toda la humanidad individualmente sí puede escoger servir a Dios. Es más, tienen ante sí “la vida y lo bueno, y la muerte y lo malo” para ejercer el libre albedrío personalmente y decidir entre servir a Dios o no servirle. (Deuteronomio 30:15). Por ende, el que millones de seres humanos hayan muerto escuchando y sin obedecer el mensaje del las buenas nuevas del reino de Dios y de Cristo, no es una prueba de que ellos no estaban siendo escogidos ni llamados por Dios. No es una prueba que irrevocablemente estaban siendo negados al rescate por medio de Cristo. No. Es más bien una prueba primeramente de que éstos han decidido no buscar y acercarse a Dios; han decidido por su libre albedrío no beber “gratis el agua de la vida” que ha sido dispuesta por Jehová Dios para todo el que ejerciera fe y escogiera obrar en justicia.

Jehová no ha obligado, ni obliga a nadie a que le adore y le sirva. Más bien, ha demostrado que está interesado en el bienestar de todos y de cada uno de nosotros. Y espera que usemos nuestro libre albedrio responsablemente para nuestro propio beneficio eterno. A la nación de Israel dijo por medio de Moisés: “Tienes que escoger la vida”, (Deuteronomio 30:19). Y además dijo como debían hacerlo; Moisés mismo dio la respuesta: “Amando a Jehová tu Dios, escuchando su voz y adhiriéndote a él” (Deuteronomio 30:20). En efecto, el amor por Jehová nos impulsará a obedecerle y a ser leales a él pase lo que pase. Esa es la manera en que escogemos la vida usando nuestro libre albedrío. Y no cualquier clase de vida, sino la mejor que podemos tener ahora. Además, si escogemos ser fieles a Dios, tendremos la posibilidad de vivir para siempre en un nuevo mundo. (2 Pedro 3:11-13; 1 Juan 5:3).


* A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras con referencias de 1987

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Acerca de meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.

4 Respuestas a ¿Puede el hombre escoger servir a Dios?

  1. El oyente dice:

    Excelente artículo.
    Quiero entender algo. Tiene Dios libre albedrío???
    lol

    • meschareth dice:

      Gracias por comentar @El oyente
      Tenga usted un buen día

      Como planteamos en el artículo:

      “La perfección en sentido absoluto tan solo corresponde al Creador, Jehová Dios. Debido a esto, Jesús pudo decir de su Padre: “Nadie es bueno, sino uno solo, Dios”. (Marcos 10:18.) Jehová es incomparable en su excelencia, merecedor de toda alabanza, supremo en sus magníficas cualidades y poderes, a tal grado, que “solo su nombre es inalcanzablemente alto”. (Salmos 148:1-13; Job 36:3, 4, 26; 37:16, 23, 24; Salmos 145:2-10, 21.)”

      Esto quiere decir, además, que todos los caminos, palabras y leyes de Dios son perfectos, refinados y no tienen falta o defecto. (Salmo 18:30; 19:7; Santiago 1:17, 25.) Nunca podría presentarse una causa justa contra Dios, criticar o censurar sus obras; más bien, siempre se le debe alabanza. (Job 36:22-24.)

      Moisés alabó la perfección de Dios, diciendo: “Porque yo declararé el nombre de Jehová. ¡Atribuyan ustedes grandeza, sí, a nuestro Dios! La Roca, perfecta es su actividad, porque todos sus caminos son justicia. Dios de fidelidad, con quien no hay injusticia; justo y recto es él”. (Dt 32:3, 4.)

      Teniendo en mente estas verdades, ahora podremos intentar entender los bordes de los caminos y la profundidad de los pensamientos de Jehová. (Job 26:14; Salmo 92:5.) El profeta escribió de parte de Dios: “Porque como los cielos son más altos que la tierra, así mis caminos son más altos que los caminos de ustedes, y mis pensamientos que los pensamientos de ustedes”. (Isaías 55:9). Entonces, debemos aceptar primero, que aunque Jehová nos ha revelado mucho de su conocimiento, “las cosas ocultas pertenecen a Jehová nuestro Dios”. (Deuteronomio 29:29; compare con Romanos 11:3).

      Sabemos que el libre albedrío fue otorgado por Dios a sus creaciones inteligentes, con el propósito de que sus motivaciones fueran dirigidas a través de ese privilegio y responsabilidad. A fin de que le dieran a Su Creador un servicio sagrado, una adoración exclusiva totalmente rebosante de amor y no como obligados y autómatas. El que fueran perfectos, incluía usar correctamente su libre albedrío. No olvidemos que la perfección en sentido absoluto tan solo corresponde al Creador, Jehová Dios. El es también el Árbitro supremo de la perfección, Aquel que fija las normas de acuerdo con sus propósitos e intereses justos. (Romanos 12:2).

      Sin embargo, hasta hoy, no hemos encontrado en la Biblia un solo indicio de que El Dios Todopoderoso Jehová, posea un libre albedrío como el que gozan sus creaciones inteligentes, ni tampoco uno que sea diferente. Todo parece indicar que el libre albedrío es una facultad más con la que Dios dotó a sus criaturas racionales. La perfección absoluta del Creador no requiere de dicha facultad relativa a éstas creaciones suyas para tomar desiciones siempre perfectas.

      Saludos

    • Nelson Grasso dice:

      Gracias por su sincero y buen comentario estimado oyente, con mucho gusto le responderemos su pregunta:

      Note una afirmación que Jesús le dijo a sus discípulos registrado en Mat 19:26: “Mirándolos al rostro, Jesús le dijo: ‘Para los hombres esto es imposible, pero para Dios todas las cosas son posibles”.

      Jehová Dios es el Creador de todas las cosas y Ser Supremo de todo el Universo, tiene el derecho de hacer lo que él considere. Recuerde que él fue quien nos regaló ese don del Libre albedrío, si deseaba no nos hubiera regalado esto, pero lo hizo porque nos ama y desea que le sirvamos por amor y no por obligación. En resumen aunque quizás no se le llama libre albedrío se puede decir que merece poseer el control de todo.

      ¡Le deseamos una buena estancia en el blog!

  2. omega dice:

    Depende del punto de vista que mires, existen normas que aun Jehová como Dios altísimo no puede quebrantar.
    1. Su palabra
    2. Su promesa
    3. Contradecirse
    Son aspectos de su perfección que se pueden tomar como lazo para el libre albedrío pero quien puede juzgar al altísimo o cuestionarlo.