El nombre divino a través de las edades[Capítulo 3]

Originalmente publicado en el folleto: El nombre divino que durará para siempre. Edición de 2006

JEHOVÁ Dios desea que el hombre conozca y utilice Su nombre. Esto se desprende con claridad del hecho de que Él reveló Su nombre a las mismas primeras dos personas de la Tierra. Sabemos que Adán y Eva estaban familiarizados con el nombre de Dios, porque, según el texto hebreo original, después que Eva hubo dado a luz a Caín dijo: “He producido un hombre con la ayuda de Jehová”. (Génesis 4:1.)*

Posteriormente leemos que hombres fieles como Enoc y Noé ‘anduvieron con el Dios verdadero’ (Génesis 5:24; 6:9). Por eso, ellos también tienen que haber conocido el nombre de Dios. El nombre sobrevivió al gran Diluvio con el hombre justo Noé y su familia. A pesar de la gran rebelión que estalló algún tiempo después en Babel, los siervos verdaderos de Dios siguieron utilizando Su nombre. Aparece centenares de veces en las leyes que Dios suministró a Israel. En tan solo el libro de Deuteronomio aparece 551 veces.

Es patente que en los días de los jueces los israelitas no vacilaban en usar el nombre de Dios. Hasta lo utilizaban al saludarse unos a otros. Leemos (en el hebreo original) que Booz saludó a los segadores de su campo con la expresión: “Jehová esté con ustedes”. Ellos respondieron a su saludo diciendo: “Jehová te bendiga”. (Rut 2:4.)

Durante toda la historia de los israelitas hasta su regreso a Judá después de su cautiverio en Babilonia, el nombre de Jehová continuó en uso común. El rey David, un hombre agradable al propio corazón de Dios, utilizó extensamente el nombre divino… aparece centenares de veces en los salmos que escribió (Hechos 13:22). El nombre de Dios también fue incorporado en muchos nombres personales israelitas. Así, leemos de Adonías (“Mi Señor Es Jah” [“Jah” es una forma abreviada de Jehová]), Isaías (“Salvación de Jehová”), Jonatán (“Jehová Ha Dado”), Miqueas (“¿Quién Es Como Jah?”) y Josué (“Jehová Es Salvación”).

Fuera de la Biblia

En esta carta, escrita en un fragmento de vasija de barro en la segunda mitad del siglo séptimo a. de la E.C., el nombre de Dios aparece dos veces. Imagen: pág.12 folleto El Nombre Divino que durará para siempre

En esta carta, escrita en un fragmento de vasija de barro en la segunda mitad del siglo séptimo a. de la E.C., el nombre de Dios aparece dos veces. (La ilustración es cortesía del Departamento de Antigüedades y Museos de Israel.)

De fuentes extrabíblicas también hay prueba del uso extenso que se daba al nombre divino en la antigüedad. En 1961 se descubrió una cueva sepulcral antigua a poca distancia al sudoeste de Jerusalén, conforme a un informe en el Israel Exploration Journal (Periódico sobre exploraciones en Israel), volumen 13, núm. 2. En las paredes de esta cueva había inscripciones hebreas que aparentemente datan de la segunda mitad del siglo octavo a. de la E.C. Las inscripciones contienen declaraciones por el estilo de “Jehová es el Dios de toda la tierra”.

En 1966, en Israel Exploration Journal (volumen 16, núm. 1), se publicó un informe acerca de pedazos de vasijas de barro con escritos hebreos hallados en Arad, en la parte sur de Israel. Esta escritura se efectuó en la segunda mitad del siglo séptimo a. de la E.C. Uno de los escritos era una carta particular a un hombre llamado Eliasib. La carta empieza así: “A mi señor Eliasib: Que Jehová inquiera por tu paz”. Y termina: “Él mora en la casa de Jehová”.

En 1975 y 1976, arqueólogos que trabajaban en el Néguev descubrieron una colección de inscripciones hebreas y fenicias sobre paredes de yeso, grandes jarros de almacenaje y vasijas de piedra. Entre las inscripciones se hallaba la palabra hebrea para Dios, así como el nombre de Dios, YHWH, en letras hebreas. En Jerusalén misma se descubrió una tirilla enrollada de plata que aparentemente databa de antes del destierro en Babilonia. Los investigadores dicen que, al desenrollarla, se encontró escrito en la tira de plata el nombre de Jehová en hebreo. (Biblical Archaeology Review [Revista de arqueología bíblica], marzo/abril de 1983, página 18.)

Otro ejemplo del uso del nombre de Dios se halla en las llamadas Cartas de Laquis. Estas cartas, escritas en tiestos, fueron halladas entre los años 1935 y 1938 en las ruinas de Laquis, una ciudad fortificada que figuró prominentemente en la historia de Israel. Parece que fueron escritas por un oficial de una avanzada de Judá a su superior, llamado Yaos, que se hallaba en Laquis, aparentemente durante la guerra entre Israel y Babilonia hacia el fin del siglo séptimo a. de la E.C.

De los ocho tiestos leíbles, siete comienzan su mensaje con un saludo como éste: “¡Que Jehová haga que mi señor vea esta temporada con buena salud!”. En total, el nombre de Dios aparece 11 veces en los siete mensajes, lo cual indica claramente que el nombre de Jehová se empleaba cotidianamente para fines del séptimo siglo a. de la E.C.

El nombre de Dios se halla también en las Cartas de Laquis y en la Estela Moabita. Imagen: pág.13 folleto El Nombre Divino que durará para siempre

El nombre de Dios se halla también en las Cartas de Laquis y en la Estela Moabita. (La ilustración es cortesía del Departamento de Antigüedades y Museos de Israel.)

Hasta gobernantes paganos conocían y usaban el nombre divino al referirse al Dios de los israelitas. Así, en la Estela Moabita, el rey Mesa de Moab se jacta de sus hazañas militares contra Israel y, entre otras cosas, declara: “Kemos me dijo: ‘¡Ve, priva de Nebo a Israel!’ De modo que fui de noche y peleé contra él desde rayar el alba hasta el mediodía, y lo tomé, y los maté a todos […] Y tomé de allí los [vasos] de Jehová, y los arrastré delante de Kemos”.

Con referencia a estos usos no bíblicos del nombre de Dios, el Theologisches Wörterbuch zum Alten Testament (Diccionario teológico del Antiguo Testamento), en el tomo 3, columna 538, dice: “Así, unas 19 pruebas documentales del Tetragrámaton en la forma jhwh testifican a este respecto en cuanto a lo confiable del T[exto] M[asorético]; se puede esperar más, sobre todo de los Archivos de Arad”. (Traducción del alemán.)

No olvidado el nombre de Dios

Esta familiaridad con el nombre de Dios, y su uso, continuaron hasta los mismos días de Malaquías, quien vivió unos 400 años antes del tiempo de Jesús. En el libro bíblico que lleva su nombre, Malaquías da gran prominencia al nombre divino, pues lo emplea, en total, 48 veces.

A medida que pasó el tiempo, muchos judíos llegaron a vivir lejos de la tierra de Israel, y algunos ya no pudieron leer la Biblia en hebreo. Por eso, en el tercer siglo a. de la E.C. comenzó la traducción de la parte de la Biblia que existía entonces (el “Antiguo Testamento”) al griego, el nuevo idioma internacional. Pero el nombre de Dios no fue descuidado. Los traductores lo retuvieron, escribiéndolo en su forma hebrea. Copias antiguas de la Septuaginta (o Versión de los Setenta) griega que han sido conservadas hasta nuestro día testifican de eso.

Sin embargo, ¿qué situación existía cuando Jesús estuvo en la Tierra? ¿Cómo podemos saber si acaso él y sus apóstoles usaron el nombre de Dios?


A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras con referencias de 1987

About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.
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