La vida eterna en la Tierra: Una esperanza paradisiaca resurge

“Daniel, haz secretas las palabras […] hasta el tiempo del fin. Muchos discurrirán, y el verdadero conocimiento se hará abundante.” (DANIEL. 12:4)*

HOY día, millones de personas entendemos con toda claridad que la esperanza de vida eterna en un paraíso terrestre tiene una sólida base bíblica (Revelación 7:9, 17). Al inicio de la historia, Dios reveló que su intención al crear al hombre no era que viviera solo unos cuantos años, sino por toda la eternidad (Génesis 1:26-28).

Un Paraíso mundial por toda la Tierra sin guerras. Ilustración: Atalaya 15/5/14

Un Paraíso mundial por toda la Tierra. Ilustración: Atalaya 15/5/14

Los israelitas tenían la esperanzade que la humanidad recuperara la perfección que Adán había perdido. Y las Escrituras Griegas Cristianas explican lo que Dios hará para que los seres humanos puedan vivir para siempre en la Tierra. Entonces, ¿por qué decimos que dicha esperanza habría de resurgir? ¿Cómo resurgiría y se daría a conocer por todo el mundo?

Se oculta la esperanza

Jesús predijo que los falsos profetas deformarían sus enseñanzas y engañarían a la mayoría de la gente (Mateo 24:11). El apóstol Pedro advirtió a los cristianos: “Habrá falsos maestros entre ustedes” (2 Pedro 2:1). Y Pablo habló de un período en que las personas “no soportar[ían] la enseñanza saludable”, sino que, “de acuerdo con sus propios deseos”, buscarían maestros que “les regal[aran] los oídos”, es decir, que les dijeran solo lo que querían escuchar (2 Timoteo 4:3, 4). Satanás se ha encargado de engañar a la gente y ha usado a la cristiandad para ocultar la reconfortante verdad acerca del propósito de Dios para el hombre y la Tierra (léase 2 Corintios 4:3, 4).

La Biblia explica que el Reino de Dios es un gobierno celestial que aplastará a todos los gobiernos humanos (Dan. 2:44). También muestra que durante el Reinado Milenario de Jesucristo, Satanás será encerrado en un abismo, que los muertos volverán a la vida en la Tierra y que la humanidad recobrará la perfección (Rev. 20:1-3, 6, 12; 21:1-4). Sin embargo, los líderes apóstatas de la cristiandad han adoptado otras creencias. Por ejemplo, Orígenes de Alejandría, Padre de la Iglesia que vivió en el siglo tercero de nuestra era, condenó a quienes creían en la idea de un reino milenario en la Tierra. Y de acuerdo con la Enciclopedia Católica, el teólogo católico Agustín de Hipona (354-430) “[se adhirió] a la convicción de que no habrá un milenio”.

¿Por qué rechazaron Orígenes y Agustín el milenarismo, es decir, la creencia en un futuro Milenio?Pues bien, Orígenes era discípulo de Clemente de Alejandría, quien había tomado de los griegos la idea del alma inmortal. El teólogo Werner Jaeger escribió que Orígenes había convertido “en dogma cristiano todo el conjunto de enseñanzas relativas al alma, el cual tomó de Platón”. Debido a la gran influencia que ejercieron en él las ideas platónicas, Orígenes concluyó que las bendiciones del Milenio tendrían lugar en el cielo, no en la Tierra.

Por otra parte, antes de convertirse al cristianismo a los 33 años, Agustín era partidario del neoplatonismo, una variante de la filosofía platónica desarrollada en el siglo tercero por Plotino. El problema fue que tras su conversión, Agustín conservó dicha forma de pensar. “Su mente fue el crisol en el que la religión del Nuevo Testamento se fusionó por completo con la tradición platónica de la filosofía griega.” (The New Encyclopædia Britannica.) La Enciclopedia Católica señala que Agustín dio “una explicación alegórica” del Reinado de Mil Años descrito en el capítulo 20 de Revelación, tras lo cual añade: “Esta explicación […] fue adoptada por los teólogos Occidentales que lo sucedieron, [por lo que] el milenarismo en su forma original no recibió más apoyo”.

En efecto, lo que socavó la esperanza de la vida eterna en la Tierra fue la creencia de que el alma es inmortal y que solo habita temporalmente en el cuerpo del hombre, una creencia que había surgido en la antigua Babilonia y que se había extendido por todo el planeta.Cuando la cristiandad adoptó esa creencia, sus teólogos manipularon pasajes bíblicos que hablaban de la esperanza celestial para dar a entender que todos los buenos van al cielo. Empezaron a enseñar que solo estamos de paso en la Tierra y que se nos está poniendo a prueba para evaluar si merecemos ir al cielo. Algo parecido ya había sucedido con la esperanza judía de la vida eterna. A medida que los judíos fueron adoptando la creencia griega de la inmortalidad del alma, se fue desvaneciendo la esperanza de la vida eterna en la Tierra. Pero eso es muy distinto de lo que enseña la Palabra de Dios. La Biblia dice que el hombre es un ser creado para vivir en la Tierra, no en el cielo. Por eso, Dios le dijo a Adán: “Polvo eres” (Génesis 3:19). Así es: el hogar eterno del hombre es la Tierra, no el cielo (léanse Salmo 104:5 y 115:16).

Destellos de luz en la oscuridad

Aunque la mayoría de las religiones de la cristiandad rechazan la esperanza de la vida eterna en la Tierra, Satanás no ha logrado mantener oculta la verdad.A lo largo de los siglos, algunos lectores concienzudos de la Biblia vieron destellos de luz, pues entendieron hasta cierto grado lo que Dios hará para que la humanidad recobre la perfección (Salmos 97:11; Mateo 7:13, 14; 13:37-39). En el siglo XVII, la impresión de la Biblia y su traducción a diversos idiomas pusieron las Escrituras al alcance de muchas más personas. En 1651, un erudito escribió: “Si con Adán todos mueren, y han perdido el paraíso y la vida eterna en la tierra, con Cristo […] todos los hombres habrán de vivir también en la tierra, ya que de otro modo la comparación no sería correcta” (léase 1 Corintios 15:21, 22). Uno de los poetas de habla inglesa más importantes, John Milton (1608-1674), habló en sus obras El Paraíso perdido y El Paraíso recobrado sobre la recompensa que los seres humanos fieles recibirán en un paraíso terrestre. Aunque Milton dedicó gran parte de su vida a estudiar las Escrituras, él mismo reconoció que la verdad no se comprendería por completo sino hasta la presencia de Cristo.

Otra persona que tenía profundo interés en la Biblia fue el célebre matemático Isaac Newton (1642-1727). Newton llegó a la conclusión de que los santos serían resucitados en el cielo y reinarían junto con Cristo (Rev. 5:9, 10). Y en cuanto a los súbditos del Reino, escribió lo siguiente: “La tierra seguirá siendo habitada por [seres humanos] mortales después del día de juicio, y no solo por mil años, sino para siempre”.

Newton pensaba que la presencia de Cristo tardaría siglos en llegar. Y el historiador Stephen Snobelen explica por qué: “La grave apostasía trinitaria que rodeaba a Newton provocó en él un profundo pesimismo. Esa era una de las razones por las que creía que aún faltaba mucho tiempo para que llegara el Reino de Dios”. Las buenas nuevas del Reino seguían ocultas, y en su día Newton no veía ningún movimiento cristiano capaz de proclamarlas. Él escribió: “Las profecías de Daniel y de Juan [registradas estas últimas en el libro de Revelación] solo se entenderán en el tiempo del fin”. Luego añadió: “Daniel dijo que ‘entonces, muchos andarán de aquí para allá, y el conocimiento aumentará’, pues el Evangelio tendrá que predicarse en toda nación antes de la gran tribulación y el fin del mundo. Para que la muchedumbre que lleva ramas de palmera en las manos y que sale de esta gran tribulación sea innumerable y salga de todas las naciones, primero debe predicarse el Evangelio” (Daniel 12:4; Mateo 24:14; Revelación 7:9, 10).

En los días de Milton y de Newton era peligroso expresar opiniones contrarias a la doctrina oficial de la Iglesia. Por eso, gran parte de sus escritos religiosos se publicaron después de su muerte. Por otro lado, la Reforma del siglo XVI no había cambiado en nada la enseñanza de la inmortalidad del alma, y las principales iglesias protestantes siguieron enseñando la idea de Agustín de que el Milenio no era un suceso futuro, sino pasado. ¿Aumentaría el conocimiento en el tiempo del fin?

“El verdadero conocimiento se hará abundante”

Daniel predijo que ocurriría algo muy emocionante en “el tiempo del fin” (léase Daniel 12:3, 4, 9, 10).Jesús predijo algo parecido: “En aquel tiempo los justos resplandecerán tan brillantemente como el sol” (Mateo 13:43). ¿Cómo se haría abundante el conocimiento en el tiempo del fin? Para responder a esta pregunta, veamos lo que sucedió unas décadas antes de que comenzara ese período en 1914.

A finales del siglo XIX había muchas personas sinceras tratando de comprender “el modelo de palabras saludables”, es decir, la verdad bíblica(2 Timoteo 1:13). Una de ellas fue Charles Taze Russell, quien en 1870 formó un grupo de estudio de la Biblia junto con otros compañeros. En 1872 analizaron la doctrina de la “restitución”. Y años después, Russell escribió: “Hasta ese momento no entendíamos con claridad la gran diferencia que hay entre la recompensa que recibirá la iglesia [la congregación de cristianos ungidos], que ahora mismo está siendo sometida a prueba, y la que recibirán los fieles del mundo”. La recompensa de este último grupo sería “la restauración al estado perfecto que tenía Adán, su progenitor y cabeza, en Edén”. Russell reconoció la ayuda que había recibido de otras personas para entender esta verdad bíblica. ¿Quiénes fueron estas personas?

Una de ellas fue Henry Dunn, quien escribió sobre “la restauración de todas las cosas de que habló Dios por boca de sus santos profetas de tiempo antiguo” (Hechos 3:21). Él sabía que como parte de esa restauración, Dios devolvería la perfección a la humanidad en la Tierra durante el Reinado de Mil Años de Cristo. También examinó una cuestión que tenía perplejas a muchas personas: ¿quiénes en particular serían los que vivirían para siempre en la Tierra? Él explicó que millones de personas resucitarían, aprenderían la verdad y recibirían la oportunidad de poner fe en Cristo.

En 1870, George Storrs, que vivía en Brooklyn (Nueva York) y publicaba una revista llamada Bible Examiner, también llegó a la conclusión de que los injustos resucitarían y tendrían la oportunidad de vivir para siempre. Su estudio de las Escrituras también le ayudó a entender que todo el que rechace esa oportunidad “morirá, aun si ‘ese pecador tiene cien años de edad’” (Isaías 65:20).

Russell comprendió por su estudio de la Biblia que había llegado el tiempo de proclamar las buenas nuevas, de modo que en 1879 empezó a publicar la revista Zion’s Watch Tower and Herald of Christ’s Presence (La Torre del Vigía de Sión y Heraldo de la Presencia de Cristo), conocida ahora como La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová. Hasta ese momento, solo unas pocas personas entendían cuál era la verdadera esperanza de la humanidad, pero eso estaba a punto de cambiar, pues ahora los Estudiantes de la Biblia de muchos países podrían recibir y estudiar La Atalaya. La creencia de que unos pocos irán al cielo mientras que millones de personas vivirán en perfección en la Tierra los distinguió de la gran mayoría de las religiones de la cristiandad.

El predicho “tiempo del fin” comenzó en 1914. ¿Se hizo abundante en ese tiempo el conocimiento acerca de la verdadera esperanza de la humanidad? (Daniel 12:4.) Sí, aunque hubo muchos zarandeos y pruebas; aunque el conocimiento divino fue revelándose poco a poco y fue reajustando nuestra visión del propósito de Jehová, sin dudas se hizo abundante en comparación con la pobreza espiritual del a cristiandad. En 1913, los sermones de Russell se publicaban en 2.000 periódicos con un total de 15.000.000 de lectores. Para finales de 1914, más de 9.000.000 de personas de tres continentes habían visto el “Foto-Drama de la Creación”, una presentación que alternaba fragmentos de película con diapositivas y que hablaba del Reinado Milenario de Cristo. De 1918 a 1925, los siervos de Jehová de todo el mundo presentaron en más de treinta idiomas el discurso “Millones que ahora viven no morirán jamás”, el cual explicaba en qué consiste la esperanza de la vida eterna en la Tierra. Y en 1934 comprendieron que todo aquel que abrigara la esperanza de vivir para siempre en la Tierra tenía que bautizarse. Todo esto renovó el entusiasmo con el que predicaban las buenas nuevas del Reino. Hoy día, millones de personas se sienten muy agradecidas a Jehová por esa maravillosa esperanza.

Se acerca “la gloriosa libertad”

Dios impulsó al profeta Isaías a escribir sobre la clase de vida que disfrutarán sus siervos en la Tierra(léase Isaías 65:21-25). Todavía existen algunos de los árboles que estaban vivos cuando Isaías puso por escrito esas palabras hace dos mil setecientos años. ¿Se imagina que usted pudiera vivir miles de años con vigor y plena salud?

La vida del hombre no será un fugaz paso por este planeta. Al contrario, tendremos infinitas oportunidades de aprender y, como dijo Isaías, de edificar y plantar. Las amistades que entablemos seguirán estrechándose por toda la eternidad. ¡Qué “gloriosa libertad” disfrutarán en la Tierra “los hijos de Dios”! (Romanos 8:21)


*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

Bibliografía usada de la Watchtower:

Con información de: La Atalaya 15/8/09 págs. 12-16 La vida eterna en la Tierra: resurge la esperanza

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About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová.
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