A los judíos: El propósito de Dios para el hombre

Un Paraíso mundial por toda la Tierra sin guerras. Ilustración: Atalaya 15/5/14

Un Paraíso mundial por toda la Tierra sin guerras. Ilustración: Atalaya 15/5/14

LA PROMESA de un mundo sin guerras que se revela en Isaías 2:2-4 y Miqueas 4:1-4 no solo nos da una esperanza sólida para el futuro cercano, sino que nos indica algo muy importante de nuestro Creador: es un Dios con propósito. De hecho, el capítulo 2 de Isaías es parte de una larga serie de profecías que se extiende desde las primeras páginas de la Biblia hasta las últimas, y que nos permite entender mejor cómo realizará Dios su propósito original.

Cuando Dios creó a la primera pareja humana, les dijo claramente qué propósito tenía para ellos. En Génesis, capítulo 1, versículo 28*, leemos: “Los bendijo Dios y les dijo: ‘Procread y multiplicaos. Colmad la tierra y sojuzgadla y dominad a los peces del mar, a las aves del cielo y a todo animal que repta sobre la tierra’”. Si relacionamos este mandato con lo que se dice en el siguiente capítulo de Génesis (“Tomó Dios, el Eterno, al hombre y lo puso en el jardín de Edén, para que lo cultivara y lo guardara”), queda claro que Dios deseaba que la primera pareja y sus descendientes extendieran el Paraíso fuera del jardín de Edén, para que finalmente abarcara todo el planeta. (Génesis 2:15.)

El relato del libro de Génesis que describe el jardín de Edén no es una parábola; por el contrario, Edén era una zona real de considerable extensión. El texto señala una región situada al norte de las llanuras mesopotámicas, donde nacían los ríos Éufrates y Tigris. (Génesis 2:7-14.) Este debería servir al hombre de modelo para cultivar el resto de la Tierra.

¿Por cuánto tiempo disfrutarían de su hogar paradisíaco?Las Escrituras dan a entender que Dios creó al hombre para vivir eternamente en la Tierra. La muerte le vendría a la humanidad solo como resultado de desobedecer a su Creador, como muestra Génesis, capítulo 2, versículos 16 y 17: “Ordenó Dios el Eterno al hombre: ‘De cualquier árbol del huerto puedes comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no podrás comer, porque el día que de él comieres ciertamente has de morir’”. Por lo tanto, la obediencia continua hubiera resultado en vida continua, eterna, en condiciones paradisíacas. (Salmo 37:29; Proverbios 2:21, 22.)

No obstante, un ángel, al que se llamaría Satán (que significa “Adversario”), incitó a la primera pareja a usar mal su libre albedrío y optar por desobedecer a Dios. (Job 1:6-12; compárese con Deuteronomio 30:19, 20.) Creando la ilusión de que una serpiente hablaba, este ángel rebelde dijo a Eva, y a través de ella a Adán, que se harían más sabios y vivirían mejor si no se sometían a Dios como Última Autoridad. (Génesis 3:1-19.) Por su franca rebelión, se les condenó a muerte. ¿Significó este incidente que se había truncado, o malogrado, el propósito de Dios para el hombre? No, más bien quería decir que él tendría que valerse de otro medio para cumplir su propósito original de llenar la Tierra de seres humanos obedientes que vivieran para siempre. ¿Cómo se lograría este objetivo?

Se promete una simiente

Cuando Jehová Dios sentenció a los que se rebelaron contra su autoridad, dijo que haría surgir una “simiente”, o “descendencia”, que repararía el daño causado por el instigador de la rebelión. Explicó con términos simbólicos que esta simiente magullaría, o aplastaría, la cabeza de la serpiente, que representa a Satán, y así acabaría con él y con su rebelión. A lo largo de los años, se han dado muchas interpretaciones contradictorias de este versículo de Génesis. Pero dado que la palabra que se traduce “simiente” (o “descendencia”) aparece en muchas profecías, otras promesas relacionadas revelan su significado. (Génesis 3:15, Ed.)

¿QUIÉN ES SATÁN?#

  LA BIBLIA no dice que Satán sea “la inclinación maligna” del hombre, sino, más bien, un espíritu invisible, un ángel. (Job 1:6.) Como ángel, o hijo de Dios, fue creado perfecto, pero más tarde se convirtió por voluntad propia en el primer rebelde, el primer adversario de Dios. (Deuteronomio 32:4; compárese con Ezequiel 28:12-17.) Como parte de su rebelión contra la soberanía de Dios, Satán acusa a los hombres de ser infieles, de actuar solo por egoísmo. Observe algunos textos que revelan los medios sutiles que él emplea para hacer que los hombres sean desobedientes y actúen mal:

  1. Job 1:6-12; 2:1-7

  2. 1 Crónicas 21:1

  3. Zacarías 3:1, 2

El término “simiente” suele relacionarse con el desarrollo del propósito divino con relación a todo el género humano. Como muestra Génesis 22:18 (DK), Dios prometió al fiel hebreo Abrahán: “Se bendecirán en tu simiente [descendencia, Ed, HM] todas las naciones de la tierra; porque has obedecido a Mi voz”. (Cursivas nuestras.) Dios tuvo especial interés en Abrahán porque era un hombre que le buscaba en verdad. Sin embargo, aunque lo recompensó directamente, el texto deja claro que no se interesaba tan solo en él y en sus descendientes carnales. Dios no olvidaba su propósito original de tener una Tierra paradisíaca para toda la humanidad, para “todas las naciones”. Fue entonces cuando le reveló a Abrahán que, por ser fiel, tendría el privilegio de producir la simiente mediante la cual se bendecirían todas las naciones.

Abrahán fue el padre de muchos pueblos ilustres. (Génesis 17:4, 5.) No obstante, Jehová Dios reveló con claridad por cuál de estas líneas vendría la Simiente prometida que bendeciría a toda la humanidad. (Génesis 17:17, 21.) Se menciona que tanto el hijo de Abrahán, Isaac, como su nieto Jacob pertenecían al linaje del que provendría la “simiente”. Una de las naciones que procedieron de Abrahán fue Israel, que estaba compuesta de las doce tribus que descendieron de los hijos de Jacob, nieto de Abrahán. En esta nación aparecería finalmente la “simiente” prometida. (Génesis 26:1, 4; 28:10, 13-15.)

La profecía reveló después que de la tribu de Judá vendría una simiente —a saber, un gobernante— especial. Génesis 49:10 dice: “No se apartará cetro de Judá, ni báculo de entre sus pies, hasta que venga Shiló; y a él obedecerá la congregación de pueblos”..1El escriturario Rashi dice que la frase “hasta que venga Shiló” alude al “Rey-Mesías, a quien le corresponde el gobierno”.2Al igual que Rashi, muchos escriturarios entienden que esta es una profecía mesiánica.

El primer gobernante del linaje de Judá, el rey David, recibió esta promesa divina: ‘Tu casa y tu trono serán eternamente estables’. (2 Samuel 7:16.) Dios luego le prometió: “Estableceré tu simiente en pos de ti, […] y Yo estableceré su reino. Él Me construirá una Casa, y Yo estableceré su trono por siempre”. (1 Crónicas 17:11, 12.) Aunque el hijo y sucesor de David, el rey Salomón, construyó la casa (el templo) de Jehová, es obvio que no reinó eternamente. No obstante, un varón de la simiente davídica sería el “Shiló” o Mesías predicho en Génesis 49:10. De él profetizó el rey David: “En sus días florecerán los justos, y habrá abundancia de paz hasta que no haya luna. Y dominará de mar a mar, y desde el río hasta los cabos de la tierra”. (Salmo 72:7, 8, DK.)

Si seguimos la revelación gradual que se nos da mediante la profecía, entendemos que las bendiciones prometidas a Abrahán —“Bendecirse han, en tu simiente, todos los pueblos de la tierra”— se cumplirán mediante este mismo Gobernante del linaje davídico. (Génesis 22:18, Za.) Así, las profecías relativas a la Simiente se vinculan a la esperanza que cifraba la nación judía en el Mesías, durante cuyo reinado habrá paz plena en la Tierra. De hecho, él es la “simiente”, o “descendencia”, mencionada en Génesis 3:15 (Ed) que pondría fin a la rebelión original contra la soberanía de Dios y repararía el daño resultante. (Salmo 2:5, 8, 9.) En las páginas 24-31 se analizan más preguntas y datos referentes al Mesías prometido. Pero examinemos ahora la relación que Dios mantuvo posteriormente con los descendientes de Abrahán.

El propósito del Pacto de la Ley

En el Monte Sinaí Moisés y los israelitas reciben el Pacto de la Ley. Ilustración: Atalaya 15/10/ 14

En el Monte Sinaí Moisés y los israelitas reciben el Pacto de la Ley. Ilustración: Atalaya 15/10/ 14

Algunos siglos después de Abrahán, los israelitas fueron constituidos en nación. Dios libertó del yugo egipcio a estos descendientes y, bajo la dirección de Moisés, otro varón de fe que Él había escogido, concertó con ellos un pacto o acuerdo especial. (Éxodo 19:5, 6; Deuteronomio 5:2, 3, DK.) Este pacto de la Ley dio a la nación instrucciones claras de cómo quería Dios que lo adoraran, y los organizó como nación para tal adoración.

El precedente legal que codificó Moisés al considerar la retribución por las infracciones de la Ley —“vida por vida, ojo por ojo, diente por diente”— refleja el principio por el que se guió el propio Dios al resolver la cuestión de la salvación del hombre. (Deuteronomio 19:21, Ed, HM.) Un hombre perfecto, Adán, fue el culpable de que se condenara a la raza humana, y por eso se hizo necesario que otro hombre perfecto expiara con su vida esta pérdida. Así, su muerte expiaría perfectamente el pecado de Adán y sus secuelas para la humanidad. Solo la venida de la “descendencia” o “simiente” prometida, cuya vida se ofrecería como rescate legal, traería la liberación plena. (Génesis 3:15, Ed.)

Debemos tener en cuenta que desde el principio el pacto fue condicional. Antes de revelar a la nación de Israel los Diez Mandamientos y todo el pacto en que se integraban, Dios les dijo: “Ahora pues, si escuchareis atentamente mi voz y guardareis mi pacto, seréis para Mí un tesoro especial sobre todos los pueblos, puesto que mía es toda la tierra; y vosotros seréis para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa”. (Éxodo 19:5, 6, HM.) Para que Dios siguiera utilizándolos como tesoro especial, tendrían que obedecerle fielmente. Estas eran las condiciones del pacto.

La recompensa que se les prometía por su fidelidad —ser un reino de sacerdotes— revela que el pacto de la Ley no era un fin en sí mismo, sino un paso de transición para capacitar a un sacerdocio que ayudara a las demás naciones a conocer al Dios verdadero. Desde el principio el propósito de Dios era que se bendijera, no tan solo una nación, sino toda la humanidad. (Génesis 22:18, DK, Ed.)

Si el pacto de la Ley no era un fin en sí mismo, ¿qué propósito tenía? Denunció con claridad las ideas religiosas falsas que el hombre había concebido por su cuenta desde la rebelión del jardín de Edén. (Deuteronomio 18:9-13.) También protegió a la nación de Israel de las costumbres y cultos repugnantes de las naciones vecinas al limitar al máximo toda relación con ellas. (Deuteronomio 7:1-6.) Mientras los israelitas guardaran la Ley, se mantendrían en un estado de pureza religiosa que les permitiría identificar a la Simiente prometida, el Mesías, y recibirlo cuando llegara.

El pacto de la Ley destacó también la necesidad de expiación al incorporar en la adoración judía un sistema de sacrificios bien definido. (Levítico 1:1-17; 3:1-17; 16:1-34; Números 15:22-29.) Desde que Adán y Eva se rebelaron, el hombre perdió la perfección que le hubiera permitido vivir eternamente con salud perfecta. (Génesis 2:17.) A causa del primer pecado, los hijos de Eva (que habían nacido después de la rebelión) heredaron la imperfección y la inclinación innata al pecado. (Génesis 8:21; Salmo 51:7 [51:5, NM]; Eclesiastés 7:20.) La imperfección acarreó la enfermedad, el envejecimiento y la muerte, y levantó una barrera entre el hombre y Dios. (1 Reyes 8:46; compárese con Lamentaciones 3:44.) Se hizo necesario poner una base para reparar este daño y superar y expiar la imperfección humana. Los hombres de fe tuvieron siempre muy presente tal necesidad. (Job 1:4, 5; Salmo 32:1-5.)

El pacto de la Ley destacó que Dios tiene normas legales que han de cumplirse. También sentó la base para entender cómo se satisfarían plenamente las normas divinas de la justicia. Los sacrificios del pacto de la Ley nunca podrían restaurar el propósito original de Dios para el hombre, dado que su efecto era temporal, lo que destacaba la condición de pecado, pero no la eliminaba ni la evitaba. La Ley, por tanto, era un paso de transición para ayudar a esta nación organizada de adoradores a entender al debido tiempo cómo identificar a la Simiente y cómo esta repararía el daño causado por el pecado de Adán. ¿Dónde indicaba estas cosas la Torá?

La promesa de un profeta como Moisés

En Deuteronomio 18:15(DK) Moisés dijo a la nación de Israel: “El Señor, tu Dios, levantará para ti un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, a él oiréis”. En los versículos 18 y 19 de este mismo capítulo Jehová habló a Moisés, a quien había designado mediador entre él y Su pueblo, y le dijo: “Haré surgir para ellos un profeta de entre sus hermanos, como tú, y pondré Mis palabras en su boca y él les dirá todo lo que Yo le ordene. Y ocurrirá que le pediré cuentas a quien no escuchare las palabras que (el profeta) dijere en Mi Nombre”. ¿Cómo se debe entender esta profecía?

El profeta que aquí se menciona es, obviamente, alguien concreto y especial. El contexto aclara que en este pasaje no se expone, como algunos han supuesto, un mero principio general de la intención divina de seguir levantando profetas para la nación. La palabra hebrea para profeta (na·víʼ) está en singular, lo que equipara al profeta con Moisés, quien fue único en la historia de la nación. Además, la conclusión del propio libro de Deuteronomio dice: “No apareció ningún otro profeta en Israel como Moisés, a quien el Eterno había tratado cara a cara”. (Deuteronomio 34:10-12.) Estas palabras muy probablemente fueron escritas por Josué, el hijo de Nun, gran caudillo y profeta nombrado por Dios. Sin embargo, de ellas se desprende con claridad que Josué no creía que se cumplieran en él las palabras de Moisés sobre un profeta que se le parecería. ¿Qué quería decir, pues, la promesa divina de levantar un profeta como Moisés? ¿Cómo fue Moisés?

Se profetiza un nuevo pacto

Moisés fue un gran caudillo; legislador, profeta, autor de milagros, maestro y juez. Fue, asimismo, mediador, el único profeta que medió en un pacto entre Dios y el hombre (en este caso, la nación de Israel).Un profeta que fuera realmente como él tendría que hacer algo parecido. ¿Significa esto que Dios se proponía sustituir el pacto de la Ley por otro pacto? Exactamente. Mediante el profeta Jeremías Dios dijo con claridad que haría un nuevo pacto.(Jeremías 31:31,32) Este exigiría un nuevo mediador. Solo alguien como Moisés estaría a la altura de tal asignación. Si examinamos lo que comprende el nuevo pacto, entenderemos mejor la función del mediador.

Unos 900 años después de Moisés, Jeremías transmitió a la nación de Israel estas palabras de Dios: “He aquí que vendrán días, dice el Eterno, en que haré un nuevo pacto con la casa de Israel, y con la casa de Judá, no conforme al Pacto que hice con sus padres el día que los tomé de la mano para sacarlos de la tierra de Egipto, pacto que quebrantaron […], dice el Eterno, sino que este es el pacto que haré con la casa de Israel después de esos días, […] perdonaré su iniquidad, y de su pecado no Me acordaré más”. (Jeremías 31:30-33 [31:31-34, NM].)

Dado que el profeta como Moisés sería el nuevo mediador del nuevo pacto, se deduce que todos los aspectos de la adoración requeridos por la Ley Mosaica no tendrían vigencia permanente, sino solo hasta que se hiciera el nuevo pacto. Cuando Dios sentara la base para ‘perdonar su iniquidad y no acordarse más de su pecado’, se podría prescindir de todo el sistema de sacrificios que estaba centrado en el funcionamiento del templo, sistema que solo traía un perdón temporal. Al hacerse el nuevo pacto, tampoco mantendrían el mismo sentido los aspectos ceremoniales del pacto de la Ley, entre ellos la observancia del Sábado y las fiestas. En el momento oportuno Dios se encargaría de revelar qué se exigiría de quienes entraran en la relación del nuevo pacto prometido. (Amós 3:7.)

Bendiciones para toda nación

El entender que el profeta como Moisés y la Simiente de Abrahán son la misma persona nos ayuda a ver otro aspecto muy importante del nuevo pacto: sería el medio legal que permitiría a gente de todas las naciones adorar al Dios verdadero. Dado que Génesis 22:18 (DK) dice que mediante esta “simiente” “se bendecirán […] todas las naciones de la tierra”, es obvio que en algún punto de la historia humana Dios dejaría de mantener una relación exclusiva con una nación, los descendientes de Abrahán. Una vez que Israel hubiera cumplido con el importante servicio de suministrar la Simiente prometida y se hubiera hecho ya el nuevo pacto, la adoración del Dios verdadero se abriría a gente de toda nación y raza.

No sería en absoluto razonable cuestionar la justicia de Dios porque él permitiera que le adorase gente sincera de toda nación y raza. Esta era su intención desde el principio, y muchas profecías bíblicas confirman que personas de todas las naciones se bendecirían mediante la descendencia de Abrahán. (Zacarías 8:20-23.) Una de esas profecías se encuentra en Sofonías, capítulo 3, versículo 9, donde dice Dios: “Luego daré nuevamente a los pueblos una lengua pura, para que todos puedan invocar (del mismo modo) el Nombre del Eterno, para servirle con un solo consentimiento”. La misma profecía del capítulo 2 de Isaías, mencionada al comienzo de este folleto, destaca el aspecto unificador de la adoración divina, pues personas de muchas naciones acudirían a servirle en verdad y a aprender los caminos de la paz; también destaca cuándo sucedería: “Ocurrirá al fin de los días”. (Isaías 2:2.) ¿Qué significa la expresión “fin de los días”?

Las Escrituras hablan en muchas ocasiones del día en que Dios llamará a juicio a las naciones. (Isaías 34:2, 8, DK; Jeremías 25:31-35; Joel 4:2 [3:2, NM], Habacuc 3:12; Sofonías 1:18; 3:8.) Desde que el hombre rechazó la soberanía divina en el jardín de Edén, se ha hecho cada vez más patente que es incapaz de gobernarse bien a sí mismo. Los gobiernos humanos han sido rotundos fracasos que han ocasionado un enorme sufrimiento. Si se permitiera al hombre seguir gobernándose por mucho tiempo en esta era de armas atómicas y contaminación medioambiental, podría aniquilarse y destruir su hogar terrestre. Por esa razón, Dios actuará mediante su Mesías designado, la Simiente. (Salmo 2:1-11; 110:1-6.) El profeta Ezequiel predijo la batalla final de Dios contra los gobiernos humanos. En los capítulos 38 y 39 de su libro describe la guerra divina contra “Gog, de la tierra de Magog”. (Ezequiel 38:2.) Generalmente se admite que esta profecía se refiere a los últimos días. Un estudio detallado de las Escrituras revela que en este pasaje “Gog” es el nombre simbólico que se da al mismo espíritu rebelde, Satán, que logró que Adán y Eva desobedecieran a Dios. La derrota de este espíritu y sus huestes, viejos enemigos de Dios, está totalmente relacionada con el cumplimiento de la promesa original que dice en lenguaje simbólico que la “descendencia” o “simiente” mataría a la “serpiente” magullándola en la cabeza. (Génesis 3:15, Ed.)

Cuando las huestes de Satán hayan sido destruidas, se restablecerán las condiciones del paraíso edénico. Pero esta vez, con el nuevo pacto en funciones, la humanidad obedecerá a Dios. (Isaías 11:1-9; 35:1-10.) No solo se le perdonarán al hombre los pecados, sino que recuperará totalmente la perfección. (Isaías 26:9.) Como resultado recibirá vida eterna. (Salmo 37:29; Isaías 25:8.) Entonces hasta los muertos, tanto los que fueron fieles a Dios como los miles de millones que nunca tuvieron oportunidad plena de aprender la verdad respecto a él, recibirán de nuevo la vida: ¡serán resucitados! (Daniel 12:2, 13, DK; Isaías 26:19.) ¿No nos atrae tan maravillosa esperanza al Dios que ha concebido estas cosas?

Estas son tan solo algunas de las bendiciones que recibirá la gente de todas las naciones que identifique y escuche la voz del profeta como Moisés, la Descendencia que reinará en el trono de David “hasta que la luna ya no sea más”, eternamente.(Salmo 72:7.) Deuteronomio 18:19 agrega tocante al profeta como Moisés: “Le pediré cuentas a quien no escuchare las palabras que (el profeta) dijere en Mi Nombre”. ¿Dedicará usted el tiempo y esfuerzo necesarios para identificar al Profeta como Moisés, al Mesías, y así aprender todo lo que Dios pide? En lo que a usted se refiere, ¿conocerá al Dios verdadero?

Los testigos de Jehová estamos encantados y a su disposición en ayudarle con la Sagradas Escrituras para que pueda no solo identificar al Profeta como Moisés, al Mesías, y así aprender todo lo que Dios pide; sino también a tomar un lugar bajo el reinado de la descendencia davídica y recibir las bendiciones de ese reinado(Salmo 37:29; Proverbios 2:21, 22.)


*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

#Vea una explicacion más detallada sobre Satán en : Sobre Satanás …

Símbolos de las versiones de la Biblia citadas:

DK – La Biblia.Versión de León Dujovne, Manasés Konstantynowski y Moisés Konstantynowski (1982)

Ed – Génesis-Deuteronomio.Traducción de Marcos Edery (1982-1991)

HM – Humash ha-Mercaz. Libro de la Torah.Versión de Meir Matzliah Melamed (1983)

NM – Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras (con referencias)(1987)

MK – La Biblia.Versión castellana de Moisés Katznelson, editorial El Árbol de la Vida (1986)

Za – El Pentateuco.Traducción directa al castellano del original hebreo por Enrique Jaime Zadoff (1975)

1El Pentateuco. Con el comentario de Rabí Shlomo Yitzaki (Rashi). Génesis. Traducción de Enrique Jaime Zadoff y Jaime Barilko, 1975, segunda edición, página 244.

2. Ibíd., página 244.

Bliografía usada de la Watchtower:

                     Folleto:¿Habrá algún día un mundo sin guerra?pág. 11 ¿Qué propósito tiene Dios para el hombre?

About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.
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