La trinidad ¿Una doctrina de la Biblia?-Parte IV

¿Es Dios superior a Jesús siempre?

JESÚS nunca afirmó que fuera Dios. Cuanto dijo acerca de sí mismo indica que de ninguna manera se consideraba igual a Dios… ni en poder ni en conocimiento ni en edad.

En todo período de su existencia, tanto en el cielo como en la Tierra, el habla y la conducta de Jesús manifiestan subordinación a Dios. Dios es siempre el superior, Jesús el inferior que fue creado por Dios.

Jesús distinguido de Dios

VEZ tras vez Jesús señaló que era una criatura separada de Dios y que él, Jesús, tenía sobre sí a un Dios, un Dios a quien adoraba y a quien llamaba “Padre”. En oración a Dios, es decir, al Padre, Jesús dijo: “[Tú], el único Dios verdadero”. (Juan 17:3.)* En Juan 20:17 Jesús dijo a María Magdalena: “Voy a subir a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios” (Str). En 2 Corintios 1:3 el apóstol Pablo confirma esta relación: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Puesto que Jesús tenía un Dios, su Padre, no podía ser a la misma vez ese Dios.

Los apóstoles no tuvieron reparos en hablar de Jesús y de Dios como entidades claramente distintas y separadas: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, […] y un solo Señor, Jesucristo”. (1 Corintios 8:6, BJ.) El apóstol Pablo señala la distinción cuando menciona la “presencia de Dios, de Cristo Jesús y de los ángeles escogidos”. (1 Timoteo 5:21, BJ.) Tal como en lo que escribe Pablo distingue entre Jesús y los ángeles en el cielo, lo mismo hace con relación a Jesús y Dios.

Las palabras de Jesús en Juan 8:17, 18 también son significativas. Él declara: “En la propia Ley de ustedes está escrito: ‘El testimonio de dos hombres es verdadero’. Yo soy quien doy testimonio acerca de mí mismo, y el Padre que me envió da testimonio acerca de mí”. Aquí Jesús muestra que él y el Padre, es decir, el Dios Todopoderoso, tienen que ser dos entidades distintas, porque ¿de qué otro modo pudiera haber realmente dos testigos?

Otra manera como Jesús mostró que él era un ser separado de Dios fue al decir: “¿Por qué me llamas bueno? Nadie es bueno sino sólo Dios”. (Marcos 10:18, BJ.) De modo que Jesús decía que nadie es tan bueno como Dios, ni siquiera Jesús mismo. Dios es bueno de una manera que lo distingue de Jesús.

El siervo sumiso de Dios

Imagen editada del Folleto: ¿Debería creer usted en la Trinidad? pág. 17

Imagen editada del Folleto: ¿Debería creer usted en la Trinidad? pág. 17

VEZ tras vez Jesús hizo declaraciones como las siguientes: “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta, sino lo que ve hacer al Padre”. (Juan 5:19, BJ.) “He bajado del cielo para hacer, no la voluntad mía, sino la voluntad del que me ha enviado.” (Juan 6:38.) “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado.” (Juan 7:16.) ¿No es el que envía mayor que el enviado?

Esta relación se manifiesta claramente en la ilustración de Jesús acerca de la viña. Él comparó a Dios, su Padre, con el dueño de la viña, quien viajó al extranjero y la dejó a cargo de los cultivadores, quienes representaban al clero judío. Después, cuando el dueño envió un esclavo para conseguir parte del fruto de la viña, los cultivadores lo golpearon y lo enviaron con las manos vacías. Entonces el dueño envió un segundo esclavo, y después otro, y estos recibieron el mismo trato. Finalmente, el dueño dijo: “Enviaré a mi hijo [Jesús] el amado. Probablemente a este lo respeten”. Pero los cultivadores corruptos dijeron: “‘Este es el heredero; matémoslo, para que la herencia llegue a ser nuestra’. Con eso, lo echaron fuera de la viña y lo mataron”. (Lucas 20:9-16.) Así ilustró Jesús su propio puesto de enviado por Dios para hacer la voluntad de Dios, tal como un padre envía a un hijo sumiso.

Los seguidores de Jesús siempre lo vieron como siervo sumiso de Dios, no como igual a Dios. Oraron a Dios acerca de “tu santo siervo Jesús, a quien has ungido, […] señales y prodigios por el nombre de tu santo siervo Jesús”. (Hechos 4:23, 27, 30, BJ.)

Dios es superior siempre

AL PRINCIPIO del ministerio de Jesús, cuando él salió del agua bautismal, la voz de Dios desde el cielo dijo: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado”. (Mateo 3:16, 17.) ¿Estaba diciendo Dios que él era su propio hijo, que se aprobaba a sí mismo, que se enviaba a sí mismo? No; Dios el Creador decía que él, en su posición de superior, aprobaba al inferior, su Hijo Jesús, para la obra necesaria.

Jesús indicó la superioridad de su Padre al decir: “El espíritu de Jehová está sobre mí, porque él me ungió para declarar buenas nuevas a los pobres”. (Lucas 4:18.) El ungimiento se efectúa cuando un superior da autoridad o una comisión a alguien que todavía no tiene autoridad. Es obvio que aquí el superior es Dios, porque ungió a Jesús y le dio autoridad que Jesús anteriormente no tenía.

Jesús manifestó claramente la superioridad de su Padre cuando la madre de dos discípulos pidió que sus hijos se sentaran uno a la derecha y el otro a la izquierda de Jesús cuando él entrara en su Reino. Jesús contestó: “Sentarse a mi derecha y a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado por mi Padre”, es decir, Dios. (Mateo 20:23, BJ.) Si Jesús hubiera sido el Dios Todopoderoso, podría haber dado aquellos puestos. Pero Jesús no podía darlos, porque le tocaba a Dios darlos, y Jesús no era Dios.

Las mismas oraciones de Jesús son ejemplo convincente de su posición inferior. Cuando se acercaba el tiempo en que Jesús había de morir, mostró quién era su superior al orar: “Padre, si deseas, remueve de mí esta copa. Sin embargo, que no se efectúe mi voluntad, sino la tuya”. (Lucas 22:42.) ¿A quién le oraba? ¿A una parte de sí mismo? No; le oraba a alguien enteramente separado de él, su Padre, Dios —cuya voluntad era superior y podía diferenciarse de la suya—, el Único que podía ‘remover aquella copa’.

Después, cuando estaba a punto de morir, Jesús clamó: “¡Dios mío, Dios mío! ¿por qué me has abandonado?”. (Marcos 15:34, BJ.) ¿A quién clamó Jesús? ¿A sí mismo o a una parte de sí mismo? De seguro ese clamor: “Dios mío” no provino de alguien que se considerara Dios. Y si Jesús fuera Dios, entonces, ¿quién lo había abandonado? ¿Se abandonó a sí mismo? Eso no tendría sentido. Jesús dijo también: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. (Lucas 23:46.) Si Jesús fuera Dios, ¿por qué habría de encomendar su espíritu al Padre?

Después de su muerte, Jesús estuvo en la tumba por partes de tres días. Si fuera Dios, entonces Habacuc 1:12 está equivocado cuando dice: “Oh Dios mío, mi Santo, tú no mueres”. Pero la Biblia dice que Jesús sí murió y que estuvo inconsciente en la tumba. ¿Y quién lo resucitó de entre los muertos? Si verdaderamente estaba muerto, no se pudiera haber resucitado a sí mismo. Por otra parte, si en realidad no estaba muerto, su muerte fingida no habría pagado el precio de rescate por el pecado de Adán. Pero él sí pagó ese precio, porque verdaderamente murió. De modo que fue “Dios [quien] lo resucitó [a Jesús] desatando los dolores de la muerte”. (Hechos 2:24.) El superior, el Dios Todopoderoso, levantó de entre los muertos al inferior, su siervo Jesús.

¿Indica que Jesús fuera Dios el hecho de que pudiera ejecutar milagros, como el de resucitar a ciertas personas? Pues bien, los apóstoles y los profetas Elías y Eliseo tuvieron ese poder también, pero eso no significó que fueran más que hombres. Dios dio el poder de ejecutar milagros a los profetas, a Jesús y a los apóstoles para demostrar que los apoyaba. Pero eso no significó que ninguno de ellos fuera parte de una Deidad plural.

Había límite a lo que Jesús sabía

CUANDO Jesús dio su profecía acerca del fin de este sistema de cosas, declaró: “Mas de aquel día y hora, nadie sabe nada, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre”. (Marcos 13:32, BJ.) Si Jesús hubiera sido el Hijo que fuera parte igual de una Deidad, habría sabido lo que el Padre sabe. Pero Jesús no lo sabía, porque no era igual a Dios.

De manera similar, en Hebreos 5:8 leemos que Jesús “aprendió la obediencia por las cosas que sufrió”. ¿Podemos imaginarnos que Dios tuviera que aprender algo? No; pero Jesús sí aprendió, porque no sabía todo lo que Dios sabía. Y tuvo que aprender algo que Dios nunca tiene que aprender… la obediencia. Dios nunca tiene que obedecer a nadie.

La diferencia entre lo que Dios conoce y lo que Cristo conoce también existió cuando Jesús fue resucitado para ir al cielo y estar con Dios. Note las palabras de apertura del último libro de la Biblia: “Revelación de Jesucristo; se la concedió Dios”. (Apocalipsis [Revelación] 1:1, BJ.) Si Jesús mismo fuera parte de una Deidad, ¿habría sido necesario que otra parte de la Deidad —Dios— le diera una revelación? De seguro él habría conocido todo aquello, porque Dios lo conocía. Pero Jesús no lo conocía, porque no era Dios.

Jesús sigue subordinado

ANTES de que Jesús viniera a la Tierra, y también cuando vivió aquí, estuvo subordinado a Dios. Después de haber resucitado, sigue en posición subordinada, secundaria.

Respecto a la resurrección de Jesús, Pedro y los que estaban con él dijeron al Sanedrín judío: “A este [Jesús], Dios lo ensalzó a su diestra”. (Hechos 5:31.) Pablo dijo: “Dios lo ensalzó a un puesto superior”. (Filipenses 2:9.) Si Jesús hubiera sido Dios, ¿cómo se podría haber ensalzado, es decir, levantado a un puesto superior al que tenía antes? Ya habría sido una parte ensalzada de la Trinidad. Si antes de su ensalzamiento Jesús hubiera sido igual a Dios, el ensalzarlo más lo habría hecho superior a Dios.

Pablo dijo también que Cristo entró “en el mismo cielo para presentarse ahora delante de Dios a favor nuestro”. (Hebreos 9:24, Str.) Si usted se presentara ante otro, ¿cómo podría ser usted ese otro? No podría ser. Tiene que ser diferente y separado.

De igual manera, el mártir Esteban, precisamente antes de morir apedreado, “miró con fijeza al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios”. (Hechos 7:55.) Está claro que vio a dos seres separados… pero no vio a ningún espíritu santo; no vio ninguna Deidad trinitaria.

En el relato de Revelación 4:8 a 5:7 se describe a Dios sentado en su trono celestial, pero Jesús no está allí. Él tiene que acercarse a Dios para tomar un rollo de la mano derecha de Dios. Esto muestra que en el cielo Jesús no es Dios, sino que es una entidad separada de él.

En conformidad con lo anterior, el Bulletin of the John Rylands Library (Boletín de la biblioteca John Rylands) de Manchester, Inglaterra, dice: “A Jesús en su vida celestial de resucitado se le describe con una personalidad individual tan distinta y separada de la persona de Dios como lo fue la que tuvo durante su vida terrestre como el hombre Jesús. Sí, al lado de Dios y comparado con Dios ciertamente aparece como otro ser celestial entre la corte celestial de Dios, como lo que eran los ángeles… aunque, como el Hijo de Dios, está en una categoría diferente, y tiene un rango muy superior al de ellos”. (Compárese con Filipenses 2:11.)

El Bulletin también dice: “Sin embargo, lo que se dice de su vida y sus funciones como el Cristo celestial ni significa ni da a entender que en la condición divina él se halla a la par con Dios mismo y es plenamente Dios. Al contrario, en el cuadro que da el Nuevo Testamento de su persona y su ministerio celestiales contemplamos una entidad separada de Dios y subordinada a él”.

En el futuro eterno en el cielo, Jesús seguirá siendo un siervo separado y subordinado de Dios. La Biblia lo expresa así: “Luego, el fin, cuando [Jesús en el cielo] entregue a Dios Padre el Reino, […] entonces también el Hijo se someterá a Aquel que ha sometido a él todas las cosas, para que Dios sea todo en todo”. (1 Corintios 15:24, 28, BJ.)

Jesús nunca dijo que fuera Dios

ESTÁ claro lo que la Biblia indica. El Dios Todopoderoso, Jehová, no solo es una personalidad separada de Jesús, sino que también es en todo tiempo su superior. A Jesús siempre se le presenta como separado e inferior, un humilde siervo de Dios. Por eso la Biblia dice claramente que “la cabeza del Cristo es Dios”, tal como “la cabeza de todo varón es el Cristo”. (1 Corintios 11:3.) Y por eso Jesús mismo dijo: “El Padre es más que yo”. (Juan 14:28, BJ.)

La verdad es que Jesús no es Dios, y nunca afirmó serlo. Aumenta la cantidad de los eruditos que reconocen esto. Como declara el Bulletin de Rylands: “Tenemos que enfrentarnos al hecho de que la investigación del Nuevo Testamento durante, digamos, los últimos treinta o cuarenta años ha llevado a una cantidad cada vez mayor de escriturarios acreditados del Nuevo Testamento a la conclusión de que ciertamente Jesús […] nunca se creyó Dios”.

El Bulletin también dice esto sobre los cristianos del primer siglo: “Por lo tanto, cuando asignaban [a Jesús] títulos de honor, como: Cristo, Hijo del hombre, Hijo de Dios y Señor, estas no eran maneras de decir que él fuera Dios, sino de señalar que hacía la obra de Dios”.

Como se ve, hasta algunos doctos religiosos reconocen que la idea de que Jesús es Dios contradice todo el testimonio de la Biblia. Según la Biblia, Dios es siempre el superior, y Jesús es el siervo subordinado.


 

*A menos que se indique lo contrario las citas bíblicas son tomadas de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Edición de 1987

Bibliografía usada de la Watchtower: 

Folleto: ¿Debería creer usted en la Trinidad? pág. 16 ¿Es Dios superior a Jesús siempre?

About meschareth

Meschareth. Un simple ministro, de la “buenas nuevas”. Cree sinceramente en el mensaje bíblico y ha estudiado las escritura a la luz de diversos razonamientos. Reconoce las verdades explícitas e implícitas de la Biblia y tiene el deseo de compartirlas en este espacio. Su fe en las Escrituras lo ha llevado desde hace años a predicar sus creencias en asociación de millones de cristianos por todo el mundo bajo el liderazgo de Cristo como Testigo De Jehová. Si usted está interesado en la obra de los Testigos de Jehová en Cuba, le invito a que los contacte en: Ave. 15 No. 4608. Municipio Playa. Habana. También en las calles, Salones del Reino y/o lugares de reunión. Los testigos cristianos de Jehová estarán complacidos en ayudarle a conocer el Único Dios verdadero Jehová y a su Hijo Jesucristo y así poder disfrutar de una vida con propósito y esperanza.
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